Revista de Humanidades y Ciencias Sociales

Al Irfan es una Revista científica de periodicidad anual fundada en 2014 en el IEHL. Publica trabajos de carácter disciplinar, pluridisciplinar e interdisciplinar, enfatizando la exploración de los mundos hispánico y luso y sus intersecciones, en sus dimensiones históricas, culturales, sociológicas, políticas y económicas.

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El debate sobre los refugiados sirios en Argentina: reverberaciones del conflicto en la diáspora sirio-libanesa

Silvia Montenegro
Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, Argentina

Resumen

La acogida de refugiados sirios ha calado de lleno en el debate social de la Argentina, traspasando el asunto su dimensión humanitaria internacional para convertirse en una cuestión local de percepción e interpretación del conflicto sirio en su origen. Este cariz nace y se desarrolla principalmente en la histórica y bien organizada comunidad sirio-libanesa del país, entrando en juego su papel en las políticas y planes de acogida, su identificación étnica con los refugiados, así como la heterogeneidad de los posicionamientos ideológicos de sus componentes en relación con Siria. En este artículo, partiendo de un enfoque etnográfico, queremos abordar la receptividad de las políticas argentinas de acogida dentro de la comunidad sirio-libanesa, actor involucrado en su puesta en práctica, pero a la vez influido por las reverberaciones del conflicto debido al origen compartido.

Palabras clave

Conflicto sirio, refugiados, Argentina, Comunidad Sirio-Libanesa.

Abstract

The issue of welcoming Syrian refugees has taken over the social debate in Argentina, exceeding its international humanitarian dimension to become a local matter of perception and interpretation of the Syrian conflict in its origin. This aspect was born and developed mainly in the historical and well-organized Syrian-Lebanese community of the country; thereby bringing into play its role in the policies and plans of receiving, its ethnic identification with the refugees, as well as the heterogeneity of the ideological positions of its components in relation to Syria.In this article, based on an ethnographic approach, we want to address the receptivity of Argentina’s hosting policies within the Syrian-Lebanese community, an actor involved in its implementation, but at the same time influenced by the reverberations of the conflict due to the shared origin.

Keyword

Syrian Conflict, Refugee, Argentina, Syrian-Lebanese Community.

Introducción

En junio de 2016, al retornar de un viaje a los Estados Unidos donde se reunió con Susan Rice, consejera de seguridad de Barak Obama, el Jefe del Gabinete de Ministros del gobierno de centro-derecha que gobierna Argentina desde diciembre de 2015 afirmó que la Argentina recibiría 3000 refugiados sirios. Esto fue anunciado oficialmente como un compromiso de Argentina para ayudar a resolver la crisis humanitaria desatada por el conflicto. Sin embargo, la noticia fue “leída” por algunos sectores de la sociedad como una voluntad de alineamiento con Estados Unidos. Los dos primeros presidentes que visitaron Argentina apenas unos meses después de que asumiera el nuevo gobierno fueron Barak Obama en marzo y François Hollande en febrero, que expresamente pidieron esta cooperación. Después de ese anuncio, el Diario Sirio Libanés1 publicó un artículo advirtiendo que la nueva política de migración de Argentina había sido establecida por la CIA y el MOSSAD, que de ahora en más jugarían un rol clave en la selección de los beneficiarios de las visas, y que esto podía implicar una disminución del papel de la comunidad sirio-libanesa local en la implementación del programa de visas.

En octubre de 2014, el anterior gobierno liderado por Cristina Kirchner había lanzado el Programa Siria, una iniciativa que permitía el acceso a visas humanitarias para personas de nacionalidad siria y sus familias, así como a individuos de nacionalidad palestina que hayan vivido en Siria o recibido asistencia de la UNRWA. Solamente 197 sirios ingresaron al país a través de ese Programa, otros 286 entraron después del 2011 por distintos medios, obteniendo el estatus de refugiados; y de acuerdo a funcionarios del gobierno, fueron más de 1000 los que arribaron en los últimos 5 años. Al lanzar el Programa Siria, el anterior gobierno apeló a la existencia de una gran comunidad sirio-libanesa organizada, cuyas instituciones distribuidas a lo largo del país podrían contribuir a la acogida de los refugiados. Las instituciones que el gobierno mencionó fueron el Centro Islámico de la República Argentina de orientación sunita, la Federación Argentino Árabe (FEARAB) y la iglesia ortodoxa San Jorge.

Más allá de las políticas ejecutadas por el gobierno anterior y del plan del actual gobierno para traer 3000 sirios, me interesa señalar que la percepción de los refugiados por parte de la comunidad sirio-libanesa se relaciona a la forma en que el conflicto sirio es entendido en el nivel local.

Es cierto que algunas organizaciones en Argentina apoyan el régimen sirio y rechazan la clasificación del conflicto como “guerra civil”, pero existen numerosos matices entre las posiciones, y los argumentos deben ser vistos a la luz de la diversidad interna de la comunidad. No todos los actores, organizaciones y portavoces participan del mismo modo, algunos solo claman por la paz en Siria, otros prefieren no mencionar el tema, existen también diferentes visiones dentro de una misma entidad y brechas entre el discurso de algunos representantes de organizaciones y sus supuestos representados.

Este artículo se basa en trabajo etnográfico realizado en el heterogeneo paisaje institucional de la diáspora sirio-libanesa en Argentina y en las redes que, sin vínculos con la comunidad árabe, comenzaron a organizarse para participar del Programa Siria acogiendo refugiados. En mi abordaje distingo algunos consensos y varios matices en las interpretaciones sobre el conflicto en Siria, los cuales deben ser entendidos en el contexto más amplio de las pertenencias políticas y religiosas de los distintos sectores de la comunidad árabe. Existe una estrecha relación entre estas tomas de posición y la recepción, en la diáspora, de las iniciativas del gobierno argentino dirigidas a incrementar el número de refugiados. A dos años de su lanzamiento, el Programa Siria fue modificado y nuevas instituciones, por fuera de la comunidad árabe, fueron incorporadas como entidades integradoras de los futuros refugiados. Estos cambios profundizaron una ya existente ambigüedad e indiferencia por parte de la diáspora respecto de las políticas del gobierno. En medio de este contexto de desconfianza, algunas instituciones de descendientes de inmigrantes árabes contaban con la experiencia de haberse organizado para acoger familiares e implementar ayuda concreta a los recién llegados. Sin embargo, cada vez más este lugar fue ocupado por una diversidad de organizaciones no gubernamentales y religiosas ajenas a la diáspora sirio-libanesa. La presencia de refugiados tornó más compleja la arena de debate en torno al conflicto en Siria y sus consecuencias, tanto al interior de la diáspora sirio-libanesa, mostrando sus diferencias y consensos, como en el espacio público y político más amplio. Así, antiguas líneas de fractura de la diáspora local están siendo redefinidas a la luz de las reverberaciones del conflicto, en un movimiento donde algunos sectores se aproximan de acuerdo a posiciones comunes y otros se alejan en base a nuevas disidencias. Este artículo intenta retratar esa reconfiguración de relaciones entre los distintos sectores como repercusión local no sólo del conflicto sino de una de sus consecuencias, la llegada de refugiados. Mi argumento es que este rediseño de las relaciones no puede comprenderse apenas desde una lectura que tiende a enfocar solo la sectarización de las diásporas como reflejo automático de las líneas divisorias del conflicto en Siria. Aglutinación y fragmentación, flexibilización y endurecimiento de las fronteras entre segmentos de la comunidad aparecen como movimientos simultáneos en la actual coyuntura. Aunque por el momento el número de refugiados2 es poco significativo, la multiplicación de iniciativas para acogerlos por parte de organizaciones no pertenecientes a la diáspora es sintomática de la desconfianza con que distintos sectores de la comunidad sirio-libanesa visualizan las políticas del gobierno sobre el tema.

La Diáspora Sirio Libanesa: una “comunidad organizada”

Cuando, en el año 2014, el gobierno argentino lanzó el Programa Siria esgrimió como factor positivo la presencia de una comunidad sirio-libanesa perfectamente integrada al país y organizada en federaciones e instituciones religiosas. Como en otros países de América, la inmigración árabe en Argentina tuvo auge entre finales del siglo XIX y las primeras tres décadas del siglo XX, tornándose esporádica en décadas posteriores. Compuesta mayoritariamente por contingentes provenientes de los actuales Siria y Líbano y en mucho menor grado por palestinos, los inmigrantes árabes constituyeron la tercera gran comunidad de inmigrantes, después de los españoles e italianos. Junto con Brasil, Argentina alberga la mayor comunidad de descendientes en América Latina.

Desde principios del siglo XX se fundaron a lo largo del país un número extraordinario de asociaciones que reunían inmigrantes de las mismas regiones de origen, actividad comercial, filiación religiosa o los congregaban en entidades de ayuda mutua. La prensa árabe fue prolífica llegando a existir más de ciento cincuenta periódicos y revistas, mermando hacia mitad de la década del 403. Ciertamente, los árabes se visibilizaron como una “comunidad organizada”, con numerosas entidades que persisten hasta el presente. La mayoría se autodenominaron “Árabes”, seguidas de las que usaron el término compuesto “sirio-libanés”. Pocas entidades fueron establecidas bajo el nombre de “Sirias” o “Libanesas”4. Las diferentes denominaciones ilustran los acuerdos y desacuerdos en torno a las adscripciones étnicas y nacionales que reunieron o separaron a los distintos grupos de la diaspora, reflejando también el impacto de los procesos politicos que se desarrollaban en la tierra de origen de los inmigrantes.

La comunidad árabe también creó numerosas instituciones que reflejaron su diversidad religiosa, con predominio de cristianos (ortodoxos, católicos y maronitas) y con una activa minoría musulmana, compuesta por alawitas, drusos, sunitas y shiítas. Los musulmanes también fundaron sus primeras instituciones en la segunda década del siglo XX, después de 1980 se crearon otras entidades a partir de nuevos lazos transnacionales con Irán, Arabia Saudita y otros polos de referencia internacionales5.

Las tres asociaciones de la comunidad que fueron mencionadas como consultoras para la implementación del Programa Siria y como organizaciones que colaborarían en la acogida e integración de los refugiados forman parte de esta constelación de instituciones. FEARAB agrupa a las confederaciones regionales que reúnen a los clubes y asociaciones de las distintas provincias del país. La entidad fue creada en 1972, año en que se convoca en Buenos Aires a delegados de distintos países para participar del I Congreso Panamericano Árabe. Uno de los resultados de esa reunión fue la posterior creación en 1973 de la institución madre, la Federación de Entidades Americano Árabes de América (Montenegro, 2009:85-87)6. La decisión del gobierno argentino de incluir a FEARAB como institución de apoyo del Programa Siria probablemente se debió a su carácter de organización paraguas, suponiendo que podía funcionar como representante ante un conjunto amplio de asociaciones distribuidas a lo largo del país. Un criterio similar parece haber seguido la elección del Centro Islámico de la República Argentina, una de las más antiguas entidades fundadas por los inmigrantes árabes musulmanes7. Si bien se trata de una institución de orientación sunni, en las últimas décadas ha construido una posición privilegiada como entidad interlocutora del estado nacional en representación de “todos” los musulmanes, presentándose como por encima de las diferencias sectarias (Montenegro, 2014). Así, la inclusión del CIRA tuvo como objetivo incorporar a las comunidades musulmanas a través de una entidad que se supone representa las distintas ramas del Islam. La tercer entidad mencionada en la primera versión del Programa Siria fue la Iglesia Ortodoxa San Jorge, por representar una de las denominaciones cristianas que fue preponderante entre los inmigrantes. En los tres casos los agentes estatales eligieron a través del criterio de representatividad que supusieron que había sido delegado a estas organizaciones por la diversidad de sectores la comunidad árabe. Estas organizaciones amplias no se involucraron como se esperaba en la problemática de los refugiados, como finalmente sí lo hicieron instituciones específicas de la diáspora que no aparecían mencionadas en la propuesta inicial del gobierno. Tampoco tuvieron igual protagonismo en la expresión pública de sus interpretaciones de la guerra.

Cabe mencionar dos comunidades importantes tanto en la movilización política y producción de discursos sobre el conflicto sirio como en el reordenamiento de las relaciones entre segmentos de la comunidad árabe surgido como consecuencia. Argentina cuenta con la mayor comunidad de descendientes de sirios alauitas8 de América Latina, que arribaron al país mayoritariamente entre 1900 y 1935 y se organizaron en cinco instituciones9, existe también un enclave etno-religioso en un pueblo de la pampa argentina conocido como “Pequeña Siria”. La otra comunidad es la de los musulmanes shiitas, con instituciones que datan de las primeras décadas del siglo XX, fundadas por inmigrantes libaneses, a las que se sumaron otras entidades y mezquitas creadas al influjo de las nuevas relaciones entre la República islámica de Irán y América Latina, luego de la revolución de 197910. Ambos segmentos confluyeron en posiciones similares aunque no idénticas en relación al conflicto.

Movilizaciones e interpretaciones diaspóricas sobre el conflicto en Siria

Realizando trabajo de campo en distintos espacios de las comunidades árabes y musulmanas de Argentina el 2011 representó un punto de inflexión, desde entonces comencé a presenciar los debates y las tomas de posición respecto del conflicto en Siria. En 2012 conocí en Tucumán11 a algunos de los primeros sirios que llegaban, no como refugiados sino como “nuevos inmigrantes” que contaban con parientes en el lugar y buscaban trabajo en las redes de la comunidad, su presencia avivaba el estupor y las primeras interpretaciones sobre lo que se estaba desatando en la tierra de origen.

La evidencia de la diversidad interna de la diáspora sirio-libanesa – basada en diferencias religiosas, políticas, de posición económica, visibilidad y prestigio social en la multiplicidad de espacios de asentamiento de los descendientes- me alertó sobre el complejo rompecabezas que debería reconstruir para abarcar las interpretaciones y tomas de posición sobre el conflicto.

Algunos recaudos resultaron fundamentales a la hora de abordar la construcción de consensos y las diferentes interpretaciones que sectores de la comunidad sirio libanesa han construido. El primero de éstos ha sido el de no sucumbir a la ilusión de la homogeneidad, el segundo tiene que ver con restituir cada discurso al contexto de pertenencias religiosas, políticas e institucionales en las cuales es producido, lo cual no debe impedirnos analizar en qué medida esos discursos son representativos de la institución a la cual se corresponden12. Por ejemplo, si bien la presidencia de FEARAB vehicula un discurso pro Bashar representando un sector de las instituciones que integran la Federación, la secretaría general de la misma entidad impulsa un discurso completamente opuesto, representando a otro sector dentro del conjunto de entidades. Esto se corresponde con diferencias religiosas y políticas de ambos niveles de la misma organización. Un tercer grupo, también agrupado en FEARAB, opta por no pronunciarse públicamente. Al mismo tiempo, sectores que convergen en una misma posición como shiítas y alauitas, portan simbologías diferentes en manifestaciones públicas, lo que permite distinguirlos como unidades que deciden confluir sin perder sus características distintivas. Esto se relaciona a que puertas para adentro de cada una de esas comunidades podrán enfatizarse ciertos aspectos e interpretaciones presentes en ese discurso común y minimizarse otros. Por otro lado, estos sectores que remarcan visiblemente su identidad religiosa se aúnan a otros que reivindican una Siria laica.

Es posible señalar algunos consensos, el primero es la imaginación que la diáspora comparte sobre la Siria anterior al conflicto. Las mitologías sobre la tierra de origen juegan un rol en el comportamiento político de la diáspora (Safran, 1991) a través de representaciones reactualizadas en diferentes discursos. Estas imágenes están basadas en la experiencia de haber estado en el país o en los relatos que llegaron a oídos de los descendientes a través de familiares que viajaron o residen aun en Siria. Representantes y miembros de organizaciones cristianas, shiítas, sunitas y alauitas y otros no identificados con vertientes religiosas idealizaron en sus discursos la Siria antes de la “primavera árabe”, más allá de que algunos realizaron críticas al régimen Baasista. En estas narrativas Siria fue descripto como un país seguro, tranquilo, donde el pueblo vivía con mutua confianza y respeto. Otras representaciones exaltaron una supuesta convivencia pacífica de credos, la protección a las minorías, la libertad, la no opresión de género, varios de mis interlocutores resaltaron que el país había progresado en los últimos tiempos. En sus relatos, Siria era siempre presentada en contraste con otros países de la región y en contrapunto era descripta como más moderna, más justa, con una población culta que habla varios idiomas o como un país envidiado por otros de la misma región. Puedo ilustrar este aspecto con el discurso de un dirigente de un centro islámico de la región de Cuyo, nieto de sirios y musulmán sunita: “el factor envidia es importante para comprender lo que ocurre en Siria, muchos países por eso deseaban destruirla”. Así, para los descendientes, Siria es la cuna de muchas civilizaciones, un lugar de alta cultura, belleza e historia sin igual. Imaginar la nación forma parte de los sentidos de pertenencia construidos a la luz de las experiencias de las diásporas y su doble territorialidad (Hall, 1999; Tambiah, 2000).

El segundo de los consensos es el rechazo a las categorías “conflicto religioso” o “sectario” como paradigma de entendimiento de la guerra. La mayoría de mis interlocutores enfatizó que las diferencias religiosas o el sectarismo no explican ni intervienen en la génesis del conflicto. Esta explicación es vista como “externa”, basada en intereses que buscan intencionalmente que el problema sea entendido en términos religiosos o que, de modo oportunista, pretenden convertir el conflicto en una guerra religiosa. Esta posición, sostenida por sectores laicos y religiosos, se relaciona a la idea de que el conflicto sirio puede explicarse más por factores externos que por problemas internos a la sociedad siria.

En otros países con comunidades de descencientes sirios las movilizaciones posteriors a la “primavera árabe” fueron tanto anti como pro regimen.Los estudios sobre el tema han prestado más atención a las movilizaciones anti régimen en la diáspora, que en algunos casos generaron amenazas e intimidaciones por parte de agentes del gobierno sirio, desplegando un sistema de represión através de las fronteras (Jorum, 2015). En otros casos distintos factores explican el poco éxito de las movilizaciones diaspóricas contra el régimen, tanto en las sociedades huéspedes como en términos de su influencia en la homeland (Stokke, 2016). En Argentina sólo los sectores de la diáspora que directa o indirectamente apoyan al gobierno sirio se movilizaron en protestas y marchas. Los grupos contrarios que fueron activos en las protestas contra el régimen pertenecían a organizaciones de izquierda no relacionadas a la comunidad árabe13 y los sectores que dentro de la diáspora fueron críticos del régimen adoptaron un perfil bajo, expresando sus opiniones sin convocar a eventos callejeros.

El espectro de interpretaciones sobre la guerra agrupó a los sectores con posiciones coincidentes. Las movilizaciones por parte de los simpatizantes del regimen estuvo desde 2012 liderada por los musulmanes shiitas y alauitas quienes organizaron actos a favor de Siria y el gobierno de Bashar al-Asad. En ciudades con presencia de ambas comunidades como Tucumán y Buenos Aires, o sólo con presencia de alauitas, como es el caso de la “Little Syria”, fueron convocadas movilizaciones con gran afluencia de participantes. Para integrar a un público más amplio fueron elaboradas premisas explicando el motivo de la convocatoria: por la paz en siria, acto para repudiar la injerencia extranjera, para entender las verdaderas causas del conflicto, en solidaridad con el pueblo sirio, o en ocasión de la celebración de la independencia del país. Aunque las alauitas se organizaron desde el comienzo de la inmigración de manera autónoma, preservando sus fronteras institucionales y doctrinales en relación a los otros musulmanes, incluyendo en esta diferenciación a los shiitas duodecimales, la actual posición común ante el conflicto en Siria propició una reciente aproximación institucional con el shiísmo a nivel local14. Ambos grupos consideran a Bashar al-Asad un líder nacional que resiste con su ejército la agresión de dos enemigos, los poderes internacionales interesados en destruir Siria y las fuerzas terroristas.

Shiítas y alauitas rechazaron la noción de guerra civil para conceptualizar el conflicto. La principal premisa fue que el conflicto fue orquestado por poderes externos, básicamente por centros de poder que históricamente antagonizaron con Siria (Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Arabia Saudita, Qatar y Turkey). Por eso, el discurso contra la injerencia extranjera es central en esta interpretación. Algunos líderes shiítas argumentaron que estos movimientos tienen como efecto debilitar el eje Tehran-Damasco-Líbano y organizar una nueva estrategia internacional.

‘Alawis argumentan que el gobierno de Bashar al-Asad representa una continuidad en la senda del progreso iniciada por su padre Hafiz al-Asad, motivo por el cual ha recibido siempre el apoyo de cristianos y sunitas. En distintos discursos este elemento fue central para afirmar la legitimidad del gobierno de Bashar. Por ejemplo, en un acto un representante de los ‘Alawis del norte del país expresó que si la mayoría Sunni fuese contraria al gobierno sirio hace tiempo que lo hubiese derrocado. En otro evento un dirigente ‘Alawi de la provincia de Buenos Aires afirmó que Bashar había sido reelegido en 2014 por el 88.7 de los votos, en elecciones en las cuales a diferencia de anteriores estuvo permitida la participación de otros partidos. Ese testimonio fue fundamentado en la vivencia personal del relator quien había viajado a Siria para las elecciones. En esta narrativa se le asigna a Siria un claro rol en Medio Oriente, el de mantener una oposición frontal ante Israel y ser guardián de la resistencia libanesa y palestina y, por ende, de las grandes causas árabes.

El segundo argumento se refiere a la caracterización de los actores enfrentados por la lucha armada dentro del territorio sirio y está basado en la dicotomía ejército nacional/terrorismo. En estos discursos, el adjetivo “terrorista” es aplicado para hacer referencia a todos los sectores de oposición al régimen, tanto los compuestos por combatientes sirios como los que incluyen combatientes extranjeros. Los países que se encuentran aliados al gobierno sirio son vistos como fuerzas aliadas, como es el caso de Rusia y China.

En estos encuentros los descendientes desplegaron una serie de símbolos que representan sus adhesiones y pertenencias. En las manifestaciones con mayor participación de Shi’is and ‘Alawis15, preponderaban las banderas sirias, los retratos de Hafiz y Bashar al-Asad en pancartas y remeras. En algunos actos se escuchaban grabaciones con el himno nacional de Siria y había grupos portando banderas del Hezbollah. Algunos de estos eventos comenzaron y finalizaron con el lema cantado en árabe Allah, Suriya, Bashar w Bass16!). Como pude observar en mi trabajo etnográfico este repertorio de símbolos es el resultado de la confluencia de la iconografía utilizada por cada uno de los dos grupos. Los retratos de Hafiz y Bashar fueron portados por los descendientes de sirios alauitas y fueron ellos y sus shaykhs los que cantaron Allah, Suriya, Bashar w Bass, siendo predominante la simbología del nacionalismo de larga distancia (Anderson, 1992). En lugares como la ciudad de Buenos Aires donde los shiítas, descendientes de libaneses y argentinos convertidos17, también participaron en los actos lo hicieron portando banderas del Hizbollah y otros símbolos de lealtades transnacionales.

Además de adherir a las interpretaciones antes señaladas, algunos shaykhs arriesgan interpretaciones vinculadas a la figura del Sufyani, profetizada en los Hadiths. Una vez finalizadas algunas reuniones donde se trató el tema del conflicto tuve oportunidad de conocer esta interpretación, que era explicitada en contextos menos públicos y sólo para los fieles de las comunidades. Según esta creencia, el conflicto en Siria se inserta en los eventos que precipitan el fin de los tiempos, donde figuras que diseminan el mal, como el Sufiyani y posteriormente el Dajjal, preceden al retorno del Mahdi. Estas explicaciones destacan el carácter inexorable de la guerra en Siria en cuanto elemento de la ejecución de un plan divino. Diversas fuentes son citadas para demostrar que el Sufiyani es una figura que expande el mal y la tiranía, desciende del linaje de Abu Sufyan y surge o nace en un barrio de Damasco. De allí que se argumente que su aparición se corresponde con el inicio de los problemas en Siria, pues las distintas fuentes hablarían de una rebelión en el Magreb como hito que desata los conflictos que posteriormente se expanden a Siria. Esta rebelión en el Magreb sería lo que en esos relatos se menciona como “la mal llamada Primavera Árabe”. Más allá de las fuentes y las narrativas escatológicas que sustentan estas interpretaciones y permiten describir este personaje como rubio, con un solo ojo y aspecto horrible, se trata de un argumento que sugiere que los terroristas del ISIS que luchan contra el gobierno de Bashar al-Asad representan a los soldados que responden al Sufyiani, quien liderará un ejército que se arrogará falsamente la pertenencia al Islam. Sin que resulte contradictorio esta interpretación permite que una causación política e histórica puedan ser invocadas juntas.

Las interpretaciones del conflicto que explicamos antes permearon el discurso de la presidencia de FEARAB, que también expresó una interpretación de la guerra centrada en condenar la injerencia externa y en clasificar la contienda como una lucha entre el ejército de un gobierno legítimo y distintos grupos terroristas. No obstante, esto debe entenderse en el marco de las pertenencias de los líderes y representantes de la Federación de Entidades Árabes de la República Argentina. En los últimos cinco años la presidencia de la entidad estuvo a cargo de musulmanes shiítas descendientes de libaneses, un hecho inédito en la entidad que desde su fundación había elegido principalmente a presidentes de origen cristiano o que intentaban preservar un discurso laico. Así, los shiítas trasladaron su discurso sobre el conflicto al interior de la FEARAB, mostrando como posición universal de las entidades del país la posición particular de los shiítas. Esto generó cuestionamiento a la representatividad en una organización que ya venía siendo débil para aglutinar a los distintos clubes y asociaciones, programar una agenda de actividades comunes o definir estrategias para tornarse un interlocutor ante el estado en nombre de las comunidades árabes. Durante mi trabajo de campo, dirigentes regionales de la entidad se quejaron de que desde su fundación FEARAB no habría podido construir un proyecto de poder significativo, una posición de peso institucional o visibilidad en el espacio público. Algunos presidentes de clubes sirios y libaneses del interior del país argumentaron que ellos actúan en forma totalmente independiente de FEARAB, entidad a la que muchos dijeron pertenecer de modo “nominal”. Un dirigente de la entidad, contrario a la posición de la actual presidencia, señalaba que en casi 40 años de existencia FEARAB no había podido elaborar una carta orgánica o un estatuto de funcionamiento, incluso nunca habría contado con una hoja de ruta, generándose así posiciones disimiles respecto a distintos temas. Otros expresaron que la entidad directamente “hace tiempo que no existe”.

Un ejemplo de la fragmentación al interior de la entidad es la posición esgrimida por la secretaría general de la organización, ocupada por un dirigente de larga militancia en asociaciones de la comunidad árabe y en el peronismo. Este dirigente, hijo de padre sirio y madre palestina y de origen cristiano ortodoxo, explicaba su posición respecto al conflicto en Siria esgrimiendo que él representaba a otro sector dentro de la FEARAB18. Ante la negativa de considerar el conflicto como una guerra civil, posición de la presidencia de la entidad, este dirigente afirmaba que sí se trata de una guerra civil, resultado de una crisis de larga duración. En efecto, en lugar de describir una Siria anterior a la “primavera árabe como un lugar libre de conflictos, el país fue descripto como soportando una larga tiranía del clan al-Asad, la cual habría generado un “malestar objetivo y subjetivo que sentó las bases de la guerra civil”. En este discurso también encontramos una crítica a la injerencia externa, sólo que los actores mencionados como interfiriendo son Rusia, por sus bases militares en Siria; Estados Unidos, que “nunca tuvo inconvenientes con el clan de al- Asad”; Irán, que habría aprovechado la situación para fortalecerse en la región y Hizbollah, como actor que “genera antagonismos”. Para la secretaría general de la entidad la acción de Bashar al-Asad constituye un “genocidio sobre el pueblo sirio”. De acuerdo con este dirigente FEARAB no es una organización vertical, los clubes y asociaciones que agrupa actúan de forma independiente y sus presidentes son libres de opinar sobre el conflicto. No obstante, lo que explicaría una cierta uniformidad de posiciones, que se traducen o en apoyo al gobierno sirio o en un silencio sobre el tema, tendría que ver con la acción de los cónsules. Según este dirigente los cónsules honorarios de Siria son agentes clave que presionan para que las opiniones contrarias al gobierno sirio en la diáspora no tomen visibilidad pública. Y este hecho favorecería la apariencia de “neutralidad” de muchos clubes y entidades. Ciertamente, la mayoría de los clubes convocan y se pronuncian “por la paz en Siria” mencionando en forma abstracta el problema de la injerencia externa, sin especificar cuáles serían las partes en conflicto y sin pronunciarse en relación al gobierno sirio. Por ejemplo, el presidente de un club sirio de la región de Cuyo expresaba una opinión bastante representativa de la posición de otros clubes del interior del país: “no coincidimos 100 por ciento con el gobierno sirio, los descendientes de sirios somos independientes del gobierno de Siria pero el problema tiene motivaciones económicas”.

Así, podríamos caracterizar la posición de FEARAB como heterogénea, en un contexto de profundo cuestionamiento a su representatividad y de voces, incluida su dirigencia, que bregan por una futura normalización, reestructuración y salida del estancamiento institucional19. La presidencia de la organización, a cargo de un musulmán shiíta, coincide con la posición de su comunidad de origen que, junto a los alauitas apoyan al gobierno sirio. La secretaría general considera que el gobierno sirio comete actos genocidas contra su propio pueblo y que la injerencia externa está representada por Irán y Rusia. Ya los clubes y asociaciones primarias en general mantienen una neutralidad discursiva y solo se pronuncian por la paz en siria, el fin del conflicto y las agresiones. Este discurso neutro despierta la sospecha de adhesión al régimen por parte de los que se oponen a él y es motivo de acusaciones de ambigüedad y tibieza por parte de quienes en la diáspora apoyan al gobierno de Bashar al-Asad.

Otra de las posiciones que encontramos es la de la Asociación Cultural Siria en Buenos Aires, que desarrolló una visible tarea en la acogida de algunos sirios que llegaron a la Argentina a partir del conflicto. Sus miembros y dirigentes por un lado se presentan como pertenecientes a “un partido que en Siria es opositor al gobierno de Bashar al-Asad”, el Partido Social Nacional Sirio (al-Hizb al-Qawmi al-Suri Al-Ijtima’i), conocido por su abreviatura Qawmi Suri, pero argumentan representar una “oposición legítima”. Esa noción de legitimidad es referida en contraposición a los opositores ilegítimos catalogados como “terroristas y mercenarios que atacan al pueblo sirio”. La Asociación Cultural Siria fue fundada en 1931 por Antoun Saadeh intelectual libanés que vivió en Estados Unidos, Brasil y Argentina y que creó también el Qawmi Suri. De ahí que siguiendo la ideología pregonada por Saadeh consideren a la nación Siria, como la “Siria natural” anterior a las divisiones impuestas por los poderes coloniales20. Los miembros de la Asociación afirman que su misión institucional es ser el nexo entre la nación siria y sus “hijos en la diáspora”. Si bien el Qawmi Suri solo fue legalizado en Siria en el año 2005 y fue una fuerza de oposición que integró el Frente Popular para el Cambio y la Liberación, en 2014 su líder Ali Haider dejó el frente y apoyo la reelección de Bashar al- Asad. No obstante, en la diáspora, el discurso de la Asociación Cultural Siria es presentado como perteneciente a un sector opositor al gobierno sirio pero que en la actual circunstancia lo apoya abiertamente dado que junto a su ejército estarían “repeliendo el terrorismo y las fuerzas de invasión extranjera”. Frente a un enemigo considerado como la encarnación del “fanatismo religioso” defienden la posición de una siria laica. De este modo, coincidiendo con instituciones de los musulmanes shiítas y alauitas así como con la presidencia de FEARAB, la Asociación Cultural Siria difundió su posición en su programa de radio, en las redes sociales y participando en debates, marchas y jornadas de esclarecimiento junto a otros sectores de la comunidad árabe.

El Programa Siria: incertezas de una iniciativa gubernamental

En octubre de 2014 el gobierno argentino lanzó con vigencia de un año el programa especial de visado humanitario para extranjeros afectados por el conflicto de la República Árabe Siria, conocido como Programa Siria.21 La Disposición Ministerial afirmaba que la iniciativa se enmarcaba en las políticas de protección de los derechos humanos que sostiene el gobierno argentino y tomaba como fundamento la idea de que la Argentina contaba con una importante “comunidad sirio-libanesa con fuertes lazos comunitarios, que se encuentra vinculada en Asociaciones y Federaciones”. Además se mencionaba que en numerosas oportunidades esta comunidad había demostrado solidaridad con quienes sufrían las consecuencias del conflicto en Siria y que había expresado su interés en acompañar el proceso de recepción e integración de los beneficiarios del Programa. La primera versión del Programa requería que quien solicite la visa humanitaria cuente con una carta de invitación de un ciudadano argentino o con residencia en el país, quien actuaría en calidad de llamante. El requisito para ser llamante era demostrar tener lazos de parentesco con el solicitante, ascendiente, descendiente o colateral hasta el cuarto grado de consanguineidad. La otra opción era que el llamante tuviese un vínculo de “afectividad” probada y anterior a convertirse en llamante, es decir, debía probar un conocimiento personal previo con el afectado por el conflicto, “por cualquier motivo lícito, razonable y justificable, familiar, social, estudio o trabajo22

En el 2015 el Programa fue renovado por otro año flexibilizándose los requisitos de la persona llamante, que ahora debería presentar una carta de invitación con carácter de declaración jurada, pudiendo contar con el aval de una organización que asuma el carácter de garante del compromiso asumido23. El llamante ya no necesitaba ser pariente o demostrar que conocía previamente al afectado, pero era deseable que tuviese una organización que respaldase su solicitud. Si bien el Programa fue creado mencionando explícitamente al CIRA, FEARAB y el Iglesia Ortodoxa San Jorge como instituciones integradoras, con el paso del tiempo estas fueron cobrando un protagonismo menor en relación a las ONGs y entidades que actualmente tienen un papel más activo en torno a lOs refugiados.

Algunas instituciones de la comunidad árabe habían desarrollado tareas en torno a los sirios que iban llegando a Argentina. En la mayoría de los casos éstos eran parientes o amigos que lograron obtener una visa como turistas solicitada por motivo de visita familiar. Estas acciones fueron previas al lanzamiento del Programa Siria, algunos de que llegaron por estos medios adquirieron el estatus legal de refugiados, otros permanecieron con visa de turistas, otros obtuvieron ciudadanía argentina y otros, una vez que obtuvieron pasaporte argentino, se trasladaron hacia un segundo destino. Distintos ejemplos muestran que estas iniciativas se realizaron al interior de las instituciones de la comunidad árabe, sin que medie ayuda gubernamental para agilizar las visas o los trámites exigidos. El secretario del Centro Árabe Islámico de Mendoza fue uno de los que se encargó de esta tarea, su opinión es que “en la Argentina aún no existen refugiados sirios, sino parientes que llegaron por ser hijos de argentinos de padres sirios que habían regresado a Siria”, lo que les permitió a sus descendientes viajar a Argentina y realizar el trámite de ciudadanía. Como secretario del centro, el dirigente relató que personalmente se ocupó de la recepción de 100 sirios musulmanes sunnitas de la región de origen de la comunidad de donde provienen la mayoría de los miembros del centro islámico. De acuerdo a su exposición esos sirios permanecieron un tiempo y algunos, una vez que obtuvieron la ciudadanía argentina reemigraron a Arabia Saudita o Emiratos Árabes, donde sabían que tendrían mejores condiciones de trabajo24. En octubre de 2015 la Unión Sirio Libanesa de Salta anunció en medios de prensa que había iniciado los trámites para acoger a 38 personas a través del Programa Siria pero que anteriormente la comunidad ya había recibido a sirios que habían ingresado con visas de turistas o por otros medios, los cuales podrían ahora acogerse al programa del gobierno y solicitar las residencia. En ambos casos se trataba de familiares y la comunidad de acogida era la propia comunidad árabe local. La Asociación Cultural Siria de Buenos Aires fue otra de las instituciones, cuyos dirigentes habían colaborado con parientes, amigos y conocidos que llegaron a Argentina luego del 2011 y expresaron en distintos medios las dificultades para la obtención de las visas y los numerosos requisitos que el gobierno exigía para admitir a los sirios antes del Programa y luego del mismo para la obtención del visado humanitario. En 2015 la Asociación creó el Comité de Ayuda a Refugiados Sirios con el fin de organizar la acogida de quienes llegaran también a través del Programa Siria. Otros clubes y asociaciones del interior del país se habían organizado para recaudar dinero para enviar a sirios que estaban en tránsito hacia otros países o a familiares que permanecían en Siria. Un ejemplo de entidades que ayudaron a sirios sin relación de parentesco fue el del Club Sirio de Pergamino, una localidad del interior de la provincia de Buenos Aires. Cuando en septiembre de 2015 miles de sirios llegaron a Austria provenientes de Hungría y permanecieron en la estación de trenes de Westbanhof, la institución realizó una colecta de dinero y logró comprar numerosos pasajes de tren para que los afectados puedan seguir viaje a los lugares de Europa donde pudieran llegar. Además, se envió dinero para alimentos a través de contactos que se encontraban en Vienna. Posteriormente, acogieron en la comunidad a un refugiado, resolviendo su situación laboral y de vivienda25.

Así, la mayoría de las instituciones de la comunidad habían tenido alguna experiencia respecto al problema de los refugiados existiendo entre ellas una mirada crítica hacia el Programa Siria, a través del cual en dos años solo habían llegado 286 individuos. A comienzo de 2016 el gobierno argentino que asumió el 10 de diciembre de 2015 decidió prorrogar el Programa Siria por tiempo indefinido: “mientras dure el conflicto en la República Árabe Siria” y anunció que tramitaba con organismos internacionales la llegada gradual de 3000 sirios. Una serie de acontecimientos alentaron en la diáspora la desconfianza en relación a ese anuncio. Por un lado, la medida fue vista como fruto de un acercamiento a Estados Unidos del gobierno de centro derecha que acababa de asumir en la Argentina. Como François Hollande y Barak Obama fueron los dos primeros presidentes a visitar el país, y ambos líderes le pidieron públicamente al nuevo presidente colaboración con el problema de los refugiados, la iniciativa de traer 3000 sirios fue vista como un encargo exterior que sería aceptado a fin de lograr un alineamiento con esos países. De hecho, la política exterior del nuevo gobierno distaba de la del anterior. Una de sus primeras medidas fue propiciar un reacercamiento con Israel derogando el memorándum de entendimiento con Irán. Este acuerdo había sido impulsado por el gobierno anterior en su intento por resolver la causa judicial por los atentados terroristas que la comunidad judía argentina había sufrido en la década del 90, puntualmente para el caso de la Asociación Mutual Israelita, donde el juez de la conflictiva causa señalaba a iraníes como implicados y solicitaba su extradicción26. En ese contexto el gobierno recibió la visita de una delegación de once funcionarios del parlamento israelí para firmar con ellos acuerdos de cooperación. Los principales diarios publicaron que la delegación había alertado al gobierno sobre la necesidad de evitar nuevos atentados terroristas en la Argentina y sobre el peligro de recibir terroristas entre los refugiados, ofreciendo los servicios del gobierno de Israel para colaborar en la selección27. Las críticas a la ampliación del Programa Siria se multiplicaron en la diáspora, no sólo por la posible intervención de países como Israel, sino también porque el anuncio de traer 3000 refugiados pareció desproporcionado en virtud de las dificultades que las instituciones árabes habían tenido que sortear para la obtención de visas de parientes. Otros factores generaron escepticismo y desconfianza, el gobierno no especificaba cómo los refugiados serían insertados laboralmente o si recibirían alguna asistencia en términos de vivienda. Además, se incluían ahora a ONGs y organizaciones por fuera de la comunidad árabe como organismos que podrían colaborar en la integración de los futuros inmigrantes. Instituciones como la Asociación Cultural Siria vieron la iniciativa como carente de sustento y enfatizaron que las organizaciones de la comunidad siria no habían sido consultadas al respecto y se habían enterado por la prensa del plan de traer 3000 sirios. Argumentaron también que el Programa Siria siempre había sido apenas la expedición de una visa humanitaria y que su funcionamiento era burocrático. La toma de posición ante el conflicto en Siria también influyó respecto de la recepción del proyecto. Las instituciones que con diversos motivaciones simpatizan en la diáspora con Bashar al-Asad comenzaron a coincidir en que el fin del conflicto se aproximaba y que, de la mano de Rusia, Siria sería “liberada”. Así, si bien habían demostrado solidaridad con los que llegaron a partir del 2011, la barrera ideológica jugó un papel importante. Un refugiado que había llegado en 2012 junto a otros musulmanes sunitas contrarios al régimen de Bashar28, expresó: “no comprendo cómo la Asociación Siria apoya al gobierno de Bashar, allá el Qawmi Suri al que dicen pertenecer estuvo prohibido”, otro agregó: “Está claro que no comprenden nada de lo que está pasando, son descendientes pero no tienen conocimiento sobre Siria”. En ese contexto los debates en el interior de las instituciones de la diáspora quedaron divididos en tres segmentos. Los activistas de la diáspora que apoyaban al régimen sirio siguieron organizando eventos para discutir el conflicto y mostrar a través de distintos medios que se trataba de una invasión extranjera repelida legítimamente por el ejército leal a Bashar al-Asad, al tiempo que expresaron desconfianza por la ampliación del Programa Siria y expectativas por la supuesta pronta finalización de la guerra a favor del régimen. Otro grupo estuvo constituido por las organizaciones que decidieron referirse al conflicto solo peticionando por la paz, algunas de las cuales como el Centro Islámico de la República Argentina estaban mencionadas desde el lanzamiento en el Programa Siria. Los clubes y organizaciones más locales o bien decidieron no pronunciarse sobre el conflicto o adhirieron a la teoría del mal menor, según la cual Bashar era preferible ante una posible toma del poder por parte del ISIS. La experiencia de recibir parientes o sirios con afinidad ideológica a cada uno de estos segmentos no fue inmediatamente adaptada a las nuevas características del Syria Programme. La flexibilización del Syria Programme había “universalizadola figura del llamante, permitiendo que éste sea alguien que tutelara durante un año al solicitante de visa humanitaria, sin necesidad de ser pariente o conocido, pudiendo contar con una institución intermediaria.

De parientes a refugiados: nuevos llamantes y comunidades de acogida

En menos de un año comenzaron a multiplicarse iniciativas que permitieron la creación de una red de llamantes y nuevos destinos para los solicitantes de la visa humanitaria. Algunos ejemplos muestran los cambios en esta dinámica.

Refugio Humanitario Argentino fue una de las primeras organizaciones informales, y sin vínculos con la comunidad árabe, que hacia finales del 2015 comenzó a trabajar en pos de la acogida de refugiados sirios. En menos de dos años logró constituir nodos regionales en el país y ser considerada oficialmente por la Dirección General de Migraciones como una “organización integradora”, que podía convocar a llamantes y prestar colaboración en la integración idiomática, laboral y afectiva de los refugiados. Su fundador relata que la crisis humanitaria en Siria lo había conmovido, sentía inquietud por ayudar pero no sabía cómo canalizar la acción29. La situación le había recordado la historia de sus abuelos inmigrantes de origen judío. A través de un antiguo compañero de facultad entonces encargado de negocios de la Embajada Argentina en Siria, se conectó con un sacerdote argentino en Aleppo30 que ayudaba a familias afectadas. Por esa intermediación llegaron al país las primeras familias sirias a través de Refugio Humanitario Argentino, que solicitaba llamantes por los distintos nodos constituidos en el país. Casi todos llegaron a partir de la intermediación del sacerdote argentino en Aleppo y fueron acogidos por familias sin ascendencia árabe de distintas provincias. Los referentes de distintos nodos me relataron que el Programa Sirio era un marco útil a los fines de la obtención de la documentación de los recién llegados, en 24 horas se les otorga el Documento Nacional de Identidad que les permite trabajar. Otras cuestiones vitales como ayudar en la manutención, búsqueda de trabajo y vivienda de los recién llegados queda por cuenta de los llamantes, que son ayudados por la organización, formando una red de informaciones, bolsas de trabajo, noticias y emprendimientos. La red mantiene una comunicación constante con los religiosos de Aleppo, con autoridades de la Dirección de Migraciones y con otras redes que también se constituyeron para traer refugiados. Unas 30 familias comenzaron a llegar por medio de esta iniciativa.

Otra de las entidades que se aproximaron al ampliarse la figura del llamante fueron las Iglesias misioneras cristianas, sobre todo las que en Argentina forman una red con presencia en varias provincias y responden a la organización Juventud con una Misión, (JUCUM). Se trata de una red evangélica inter denominacional fundada en Estados Unidos en 1960 por el Pastor Loren Cunningham de la Asamblea de Dios y con presencia en más de 180 países. A mediados de 2016 los misioneros de JUCUM luego de participar en reuniones con los organismos del estado encargados del tema migratorio lanzaron el programa “Una familia, una iglesia”. El proyecto fue presentado ante la Dirección Nacional de Migraciones que al aprobarlo sumó a la entidad como organización intermediaria en el Programa Siria. Utilizando su red transnacional, JUCUM propuso que los nodos actuantes en el Líbano intermediaran en la selección de posibles refugiados entrevistándolos y orientándolos para acogerse al Programa Siria. Como segundo paso JUCUM confeccionó una lista de familias de posibles refugiados y utilizando su red nacional invitó a que las iglesias localizadas en distintas ciudades del país puedan solicitar transformarse en iglesia de acogida. En lugar de asociar al proyecto llamantes individuales, JUCUM peticionó ante la Dirección Nacional de Migraciones que el principal Pastor de la iglesia sea el llamante de todas las familias y las iglesias de la red que lo soliciten sean las comunidades de acogida. La primera etapa del proyecto comenzó con 15 familias, un total de 71 sirios provenientes del Líbano.

Algunas de las nuevas redes que se estaban constituyendo en torno al Programa Siria habían mantenido conversaciones con el gobierno de la provincia de San Luis, cuyo gobernador en distintas oportunidades había expresado la intención de promover la llegada de refugiados sirios y había apoyado públicamente la ampliación del Programa Siria. A finales del año 2016 el gobernador anunció que la provincia crearía un “corredor humanitario” para acoger a refugiados del conflicto sirio, actualmente 49 municipios de la provincia y la Universidad de Villa María integran también el corredor. Para difundir el proyecto se lanzó un video donde un médico inmigrante sirio que vive hace 30 años en la provincia explicaba en lengua árabe que el gobierno y la provincia estaban dispuestos a recibir refugiados31. El spot vehiculaba una clara propaganda del gobierno provincial como espacio de tolerancia y diversidad. A comienzos de 2017 el gobierno provincial solicitó a la Dirección Nacional de Migraciones inscribirse en el Programa Siria Programme como “estado requiriente”. Así, el gobierno se transformó en el primer estado llamante que además aseguraba que asumiría responsabilidades en el traslado, vivienda, manutención y salud de los futuros refugiados. De allí en más creó la figura del “adherente activo”, con un sistema de inscripción dónde individuos o grupos podrían ofrecer actividades como voluntarios, desde clases de arte y español, hasta asesoría jurídica, traducción y “familias amigas” que podrán colaborar en la recreación de los recién llegados. Los primeros refugiados fueron alojados en las residencias universitarias.

Estas tres iniciativas se realizaron sin apelar a las redes de las comunidades árabes y evitando expresar posiciones sobre el conflicto en Siria. Durante mi trabajo de campo pude comprobar como los impulsores de las iniciativas explicitaban este aspecto ante los miembros de sus redes. “Evitar el debate” fue una premisa interna vista como necesaria para cumplir con los objetivos que cada organización se había propuesto. A diferencia de las entidades más activas de la comunidad árabe, cuyas interpretaciones del conflicto analizamos en el texto, estas nuevas comunidades de acogida interpretaban que el fin de la guerra estaba lejos de producirse y que la actividad recién comenzaba.

Conclusiones

El debate en torno a la guerra en la diáspora sirio-libanesa en Argentina supuso la aproximación de ciertos sectores que antes tenían poco contacto mutuo. Musulmanes descendientes de sirios alauitas, shiítas descendientes de libaneses y descendientes de sirios que reivindican el carácter supuestamente laico del régimen Baasista estrecharon vínculos en torno a una interpretación común. La narrativa compartida enfatizó la idea de un conflicto orquestado por poderes externos, la OTAN, Estados Unidos, Arabia Saudita, Qatar y coyunturalmente Turquía. En lugar de una guerra civil, noción vehementemente rechazada, se trataría de una lucha entre el ejército sirio y fuerzas terroristas, vislumbrando una victoria final del gobierno de Bashar al-Asad. Junto a este movimiento de unificación, se hizo evidente la fragmentación que existe al interior de otras organizaciones. La Federación de Entidades Árabes a partir de su presidencia compuesta por musulmanes shiitas abrazó esa narrativa, mientras que su secretaría general enarboló un discurso contrario, tachando a Bashar de dictador y genocida contra su propio pueblo en un escenario de guerra civil y denunciando otra injerencia externa, la de Irán y Rusia. Otras organizaciones menos activas abrazaron la doctrina del mal menor y prefirieron referirse al valor del pueblo sirio al soportar la guerra, una posición de bajo perfil. Otras tantas, prefirieron sólo expresarse pidiendo por “la paz en Siria” en un sentido abstracto. A diferencia de otros países donde los activistas de la diáspora, cualquiera sea su posición, lograron erigirse como productores de noticias, mediadores y traductores culturales intentando influir en la medios de comunicación (Papadopoulos and Pantti, 2013), en Argentina los debates permanecieron restringidos al interior de la diaspora.

Varias de las instituciones de la diáspora fueron las primeras receptores de refugiados cuando el gobierno argentino aún no había implementado el Programa Siria. Las dificultades que atravesaron para traer a familiares, lograr la obtención de visas como turistas y la inserción laboral despertaron expectativas de mejorar la situación cuando el Programa fue lanzado y en su primera versión exigía el parentesco como cualidad de la persona llamante. En numerosas oportunidades, criticando la burocracia del Programa, dirigentes de estas instituciones expresaron que si bien la solidaridad ante el hecho consumado de la llegada de refugiados era necesaria ningún sirio quería realmente salir de su país, lo ideal era la pronta solución del conflicto y no el “vaciamiento de Siria”. La figura del llamante fue flexibilizada a partir de las sucesivas renovaciones del Programa Siria, en 2015, 2016 y en su nueva versión sin plazo, “hasta que dure en conflicto”. La consanguineidad dejo de ser un requisito del llamante. Estas modificaciones generaron malestar y desconfianza en las comunidades que se consideraban los espacios “naturales” de acogida, lo cual se tradujo en una creciente ambiguedad ante las nuevas políticas. La toma de posición respecto al conflicto influyó en la actitud de las organizaciones de la diáspora en torno a los refugiados. Los nuevos actores que entraron en escena, como llamantes, intermediarios y comunidades de acogida, enarbolaron un discurso humanitario, evitando realizar interpretaciones públicas sobre la guerra. La figura del llamante pasó de ser el elemento más rígido y el escollo para la traída de parientes por parte de la diáspora a convertirse en una categoría modificable a través de negociaciones con las agencias del estado. En este nuevo formato, un pastor puede oficiar de llamante único de un conjunto de familias para ser acogidas en varias iglesias o un estado provincial puede erigirse como “estado llamante”. Este proceso fue relativizando el papel de la diáspora sirio-libanesa como comunidad natural de acogida. Los afectados por el conflicto dejaron de ser parientes llamados por argentinos descendientes de sirios para tornarse refugiados anónimos llamados por actores sin vínculo como la diáspora.

Referencias

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WINTER Stefan, A History of the ‘Alawis from Medieval Aleppo to the Turkish Republic, Princeton and Oxford, Princeton University Press, 2016

1. El Diario Sirio-libanés fue fundado en 1912, dejando de publicarse hacia 1960. Últimamente fue relanzado en versión on line: http://www.diariosiriolibanes.com.ar

2. A lo largo del texto usaré el término refugiado en un sentido amplio, que no siempre se corresponde con la obtención del estatus legal correspondiente.
3. Ver Akmir (2011), Montenegro (2009).
4. En una muestra de 132 instituciones de la inmigración árabe en Argentina, sin adscripción religiosa, se contabilizan 58 bajo el nombre “Siria-Libanesa”; 42 utilizan la categoría “árabe”. Este número puede ascender si consideramos las entidades islámicas que también incluyen el término “Arabe” en su denominación; 19 entidades se identifican a sí mismas exclusivamente como “sirias” y 13 como “libanesas”.

5. Para un estudio sobre la presencia musulmana en Argentina y la institucionalización del Islam, ver Montenegro (2015a).
6. Pocos años antes, en 1965, se había realizado en Damasco el Congreso de Inmigrantes de Ultramar donde se toma la iniciativa de organizar las comunidades árabes por países. Según Oscar Bestani, quien fuera presidente de la Sociedad Sirio Libanesa de Tucumán
en la década de 1980 y descendiente de una de las familias fundadoras de la institución creada en 1926, en realidad el antecedente local de FEARAB fue el Primer Encuentro Nacional de entidades sirio-libanesas que se realizó en la Tucumán del 11 al 13 de octubre de 1968 (en entrevista en la ciudad de Tucumán, 2013).
7. Una de las primeras a establecerse en Buenos Aires es la Asociación Pan Islamismo, 1931, formada por la iniciativa de un inmigrante egipcio y un grupo de musulmanes que eran parte de la Sociedad Árabe Islámica, 1922. En 1940, la institución pasó a denominarse Asociación islámica de Previsión Social, y a partir de 1957 se tornó conocida como Centro Islámico de la República Argentina.
8. Para una historia sobre los ‘Alawis desde sus orígenes en Iraq y su establecimiento en Siria ver Winter (2016).

9. Asociación Cultural y Culto Pan Islámica en San Miguel de Tucumán (1929), Unión Alauita Islamita de Beneficencia en Buenos Aires (1929), Asociación Unión Alauita en Buenos Aires (1936), Asociación Islámica Alauita de José Ingeniero (1943), Asociación
Alauita de Beneficencia de La Angelita en Buenos Aires (1962).
10. La Asociación Árabe Argentina Islámica fue establecida en 1960; la Asociación Hagg Youssef, fundada por un inmigrante libanés en 1935. Con propiedades adquiridas por la Embajada de Irán, la mezquita At-Tawhid fue fundada en 1983 en Buenos Aires; la
mezquita Ash-Shahid, en Tucumán en 1985, y la mezquita Al-Imam, en Cañuelas, en la provincial de Buenos Aires, en 1990.
11. Entre 2012 y 2016 realicé observación participante en eventos realizados en Tucumán, Rosario, Santa Fe, Buenos Aires y La Angelita.
12. Baser (2016, 22) advierte certeramente sobre la tendencia a producir conocimiento sólo sobre las voces dominantes e ignorar los otros grupos que también se movilizan por la política de la tierra de origen, mostrando la necesidad de prestar atención tanto a las heterogeneidades horizontales como verticales dentro de la diáspora, reconociendo también que las fronteras entre las categorizaciones son fluidas y permeables.

13. Partidos de izquierda que en Argentina tienden a apoyar demostraciones a favor de la “causa árabe”, han demostrado desde el comienzo del conflicto una actitud activamente vinculada con las organizaciones de la comunidad árabe. El frente de izquierda, por ejemplo, realizó protestas públicas quemando fotos de Bashar al-Asad, con oradores que catalogaron al presidente como genocida.
14. En 2013 algunos líderes shiitas se involucraron en reuniones y discusiones y decidieron incluir a las entidades alauitas en una sola asocicación, la Federación de Entidades Islámicas de la República Argentina, FEIRA.

15. Tucumán y Buenos Aires, 2013; La Angelita, 2014.
16. Allah, Siria, Bashar y nada más.
17. Para un estudio sobre la conversión al Islam en Argentina, ver Montenegro (2015b).

18. Entrevista realizada en la ciudad de Rosario, noviembre de 2016.

19. Los discursos críticos respecto al funcionamiento de FEARAB en las últimas décadas, que encontré durante mi trabajo etnográfico, coinciden con el panorama brindado por el Diario Sirio Libanés (http://www.diariosiriolibanes.com.ar) en una serie de entrevistas
realizadas al menos a 16 dirigentes de entidades. La mayoría de los entrevistados se refieren a una necesaria reestructuración de los objetivos y renovación de la entidad. Ver “Conversando con dirigentes”, entrevistas realizadas entre septiembre y octubre de 2016.
20. En el sitio oficial del partido pueden consultarse los textos de Antoun Saddeh y las premisas ideológicas de la organización, tanto en árabe como en inglés: http://www.ssnp.com/new/index_en.htm (consultado el 22 de noviembre de 2016).

21. La Dirección Nacional de Migraciones, organismo dependiente del Ministerio del Interior, Obras Públicas y Viviendas, reglamentó el Programa Siria en base a tres disposiciones ministeriales, 3915/2014, 4499/2015 y 4683/2016. Ver http://www.migraciones.gov.ar/ programasiria (consultado el 05 de enero de 2017).
22. Artículo 5, a) I y II de la resolución 3915/2014.
23. Resolución 4499/2015.

24. En entrevista en Mendoza, enero de 2017.
25. Las acciones desarrolladas por el Club Sirio de Pergamino fueron relatadas por sus dirigentes en el evento “Siria y los refugiados”, realizado el 06/10/2016 en el Club Social Argentino Sirio de la ciudad de Rosario.

26. El memorándum puede consultarse en el sitio de noticias del Congreso de la Nación: http://www.ncn.com.ar/wp-content/ uploads/2015/01/Memorandum-de-entendimiento-con-Ir%C3%A1n.pdf (consultado el 15 de diciembre de 2016).
27. Entre las notas podemos mencionar “Israel ofrece ayuda con los refugiados sirios, aunque habla de riesgos”, Clarín: http://www. clarin.com/politica/israel (consultado el 15 de diciembre de 2016); “Parlamentarios israelíes piden al país que no se filtren elementos terroristas entre los refugiados sirios”, Agencia Telam, http://www.telam.com.ar/notas/201608/158834-refugiados-israel argentinaterrorismo. html, (consultado el 22 de diciembre de 2016).
28. Entrevistas realizadas en Buenos Aires, noviembre de 2016.

29. Entrevisté al creador de Refugio Humanitario Argentino en la ciudad de Mendoza, enero de 2017.
30. Los sacerdotes pertenecen al Instituto del Verbo Encarnado, congregación católica fundada en 1984 en la ciudad de Mendoza, Argentina, por el sacerdote Carlos Buela, con presencia actual en más de 40 países.

31. El video puede verse en la página del Corredor Humanitario San Luis, http://corredorhumanitario.sanluis.gov.ar (Consultado el 22 de diciembre de 2016).

 

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