Revista de Humanidades y Ciencias Sociales

Al Irfan es una Revista científica de periodicidad anual fundada en 2014 en el IEHL. Publica trabajos de carácter disciplinar, pluridisciplinar e interdisciplinar, enfatizando la exploración de los mundos hispánico y luso y sus intersecciones, en sus dimensiones históricas, culturales, sociológicas, políticas y económicas.

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Francisco de Asís Serrat y Bonastre, Tánger 1916- 1924 Radiografía de la ciudad del Estrecho en vísperas del Estatuto, (edición e introducción Bernabé López García), Granada, Almed, 2017, 408 p.

La presente obra recopila una parte de las memorias del diplomático español Francisco de Asís Serrat y Bonastre (1871-1952), concretamente aquellas dedicadas a su estancia en Tánger. Allí residió desde finales de 1915 hasta principios de 1924 desempeñando el cargo de Ministro Plenipotenciario, es decir, la máxima autoridad diplomática española de la ciudad.

La obra ocupa un marco temporal muy poco estudiado por la historiografía tangerina. Es un periodo de transición, en el que la administración de la urbe se encuentra en un limbo político, posterior a la firma de los protectorados español y francés (1912) y previo a la firma de su Estatuto Internacional (1923). Su administración del mismo modo que los protectorados ha caído fuera del control del Sultán y está sometida al dominio occidental que se organiza de forma interina en base a los acuerdos establecidos en viejos tratados entre Marruecos y las naciones europeas, sobre todo las resoluciones de la Conferencia de Algeciras (1906). No obstante, a nivel práctico, existe un creciente predominio de la autoridad francesa, que intenta en todo momento, y en muchas ocasiones lo consigue, ejercer un rol preponderante y hacer valer sus intereses por encima de los demás. En esta lucha por la hegemonía encuentra Francia como principal oponente a España, siendo Serrat la principal pica de lanza. Por este motivo, una parte significativa de estas memorias están dedicadas a las disputas existentes entre la nación gala y la hispana, ambas con aspiraciones de poner la ciudad bajo su dominio. Pero el ministro español es muy consciente de que su país se encuentra en una posición secundaria, incapaz de competir con la influencia francesa, por eso se orientará durante su mandato hacia una posición partidaria de la internacionalización de la zona, que pueda contrarrestar la presión de la nación vecina.

Al margen de las disputas con Francia y desde la importante posición que su cargo le concede, Serrat realiza una interesante aproximación al ambiente político, en el que reside. Para ello no escatima esfuerzos en describir de forma clara y ordenada las principales instituciones que rigen la ciudad. Comienza su repaso con los organismos nativos desposeídos ya de gran parte de sus competencias en favor de otros organismos controlados por las naciones extranjeras o las élites locales. Con respecto a las instituciones de carácter foráneo sitúa en primer lugar el Cuerpo Diplomático que agrupa los representantes de los países occidentales. Esta institución cuyos orígenes se remontan al siglo XIX, había adquirido competencias con el transcurso de los años mediante los distintos tratados firmados entre el sultán y las naciones europeas. Representaba a efectos prácticos la mayor autoridad de la ciudad y extendía su influencia a otros organismos locales de menor rango, como el Consejo Sanitario, la Comisión del Cabo Espartel o la Comisión de Higiene y Limpieza. Esta última era un embrión de municipalidad, había nacido a finales del siglo XIX promovida por personalidades destacadas de la ciudad con el objetivo de mejorar las condiciones higiénicas. Aunque poco a poco había adquirido nuevas atribuciones como la gestión del agua y los mercados, y la pavimentación de calles. Asimismo, Serrat nos habla de las nuevas entidades surgidas a raíz de la Conferencia de Algeciras (1906) encargadas de asegurar el cumplimiento de sus resoluciones, como la Comisión de valores de Aduanas, que supervisaba las tarifas de importación y exportación de bienes o la Junta de adjudicaciones, cuyo rol consistía en la concesión de servicios públicos. Por último hace especial mención a un organismo no oficial pero de “una importancia extraordinaria” el Contrôle de la Dette creada para asegurar el cobro de los préstamos concedidos por Francia a Marruecos y que poseía en garantía los ingresos de las aduanas y los bienes del Majzén (gobierno). Esta entidad bajo control francés tenía una gran influencia ya que podía participar en cualquier transacción inmobiliaria con el objetivo de garantizar que no se tratara de una propiedad perteneciente al Majzén.

Serrat deja también un espacio para hablar de economía, estancada en sus primeros años a consecuencia de la Primera Guerra Mundial y que comienza a reanimarse en los últimos años de la contienda, cuando despierta de nuevo el fervor de especulación inmobiliaria iniciado a finales del siglo XIX. Fervor impulsado por las ansias de beneficio pero también por países como Francia, España e Inglaterra que no dudan en espolear a sus nacionales hacia el negocio inmobiliario, como medio para acrecentar su influencia en el paisaje urbano. El ministro expone además un compendio de las principales empresas españolas, como los bancos de España y el Bilbao, la fábrica eléctrica o la compañía de teléfonos. Tales compañías son presentadas, por lo general, con una incapacidad de adaptarse a las condiciones de Tánger y carentes de un espíritu emprendedor, lo que les impedía competir con las de otros países dotadas de una mayor flexibilidad y dinamismo.

El ámbito social aparece cubierto por una amplia paleta de biografías sobre las personalidades más destacadas de la ciudad. Pero sobre todo con aquellas con las que tuvo un mayor contacto durante su mandato ya fuere por su amistad o bien por las obligaciones que su cargo le exigía. De entre ellos destacan individuos como el periodista y espía británico Walter Harris o el antiguo ministro de guerra del sultán Menebhi. Sin embargo, la compilación biográfica se centra, como es natural, en la colonia española, que aparece retratada en su conjunto, dentro del marco tangerino, como “país de sainete”. Completan este apartado las distintas asociaciones y entidades con un vínculo nacional, como el Casino Español, la Cruz Roja, las Damas de la Caridad o la Comunidad franciscana. A esta última, por su tradicional importancia en la ciudad le consagra una significativa atención.

Estas tres vertientes abordadas por Serrat, política, economía y sociedad constituyen una importante contribución para cualquiera que quiera conocer o dedicarse al estudio de la ciudad durante este periodo. No obstante, la principal aportación del autor es establecer con gran claridad la posición que España juega en Tánger y en Marruecos. Serrat nos habla de la acción colonizadora española con desencanto y pesimismo, consciente en todo momento que su nación carece de la capacidad para desempeñarla de una forma satisfactoria. Sin embargo, tampoco presenta una actitud abandonista, pues en todo momento y en la medida de sus posibilidades, actúa en favor de su país. A pesar de ello, su tarea se verá, en no pocas situaciones, obstaculizada por complejidades burocráticas, luchas de intereses y a la torpeza de muchas decisiones tomadas desde instancias superiores. Especialmente interesantes a este respecto, son sus observaciones sobre el desastre de Anual. Serrat responsabiliza del trágico evento al nombramiento del general Silvestre como máxima autoridad en Melilla y a los deseos de gloria del militar, que lo llevaron a adentrarse imprudentemente en territorio nemigo. También las negociaciones para el establecimiento del Estatuto Internacional, con las que se concluye el libro y de las que el ministro queda apartado, son un buen ejemplo de esta actitud vacilante e improvisada que acabará debilitando la posición de España en la ciudad internacional.

La introducción de las memorias ha sido realizada por su editor, el catedrático de Historia Contemporánea del Islam Bernabé López García. En ella se presenta una amplia y detallada contextualización sobre el autor, la ciudad y el contenido de las memorias. Esto ayuda al lector a establecer una sólida base con la que adentrarse en los escritos del diplomático. Asimismo, la introducción y las memorias están acompañadas de numerosas notas a pie de página, que aportan gran cantidad de datos, como biografías de personajes mencionados o información sobre eventos o episodios destacados por Serrat y que da por supuestos en sus lectores. En conclusión, la introducción y las notas a pie elaboradas por su editor constituyen un traje a medida con las que se visten elegantemente las memorias del diplomático español.

Por último y con respecto a la calidad literaria de la obra, la prosa de Serrat es clara y sin barroquismos en donde aparecen, de vez en cuando, comentarios irónicos que otorgan al texto varias pinceladas de humor. Estas características junto a una edición organizada en multitud de subcapítulos favorecen una lectura fluida.