Revista de Humanidades y Ciencias Sociales

Al Irfan es una Revista científica de periodicidad anual fundada en 2014 en el IEHL. Publica trabajos de carácter disciplinar, pluridisciplinar e interdisciplinar, enfatizando la exploración de los mundos hispánico y luso y sus intersecciones, en sus dimensiones históricas, culturales, sociológicas, políticas y económicas.

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José Ángel Valente en la medina mediadora de Juan Goytisolo

Resumen

En “José Ángel Valente en la medina mediadora de Juan Goytisolo” se parte del interés por el arabismo hispánico de Valente en su juventud, reforzado por su estancia en el Magreb en dicha época. Más tarde, su confluencia en la madurez con Juan Goytisolo será clave para su participación en los interculturales Encuentros Hispano-Islámicos en Al-Ándalus, así como para la realización de sus últimos viajes a Marruecos y a Túnez, según pone en evidencia la correspondencia inédita depositada en la Cátedra Valente. Se trata, pues, de trazar el itinerario vital e intelectual que condujo a Valente a un original encuentro poético entre Oriente y Occidente.

Palabras clave

José Ángel Valente, Juan Goytisolo, arabismo, mudejarismo, interculturalidad.

Recibido el 10/06/2017. Aceptado el 12/09/2017

“Tejí la oscura guirnalda de las letras: hice una puerta: para poder cerrar y abrir, como pupila o párpado, los mundos”, escribió José Ángel Valente en Tres lecciones de tinieblas (Valente, 2006, p. 398). En efecto, valoraba ante todo Valente la apertura: apertura mental, apertura social, apertura intercultural, apertura mística. Pues bien, fue su propia trayectoria intelectual y creativa precisamente muestra ejemplar de apertura o de aperturas, algunas de las cuales lo condujeron al contacto primero y a la intensa relación después con obras y pensamientos procedentes de los pueblos de lenguas y culturas semitas, como los árabes y los hebreos, que tanto atrajeron su atención y que tanto incluso motivaron su creación.

El arabismo y el Magreb desde la juventud

Ya de niño habían atraído su curiosa mirada los “Enormes moros, asombrosos moros / llenos de pantalones y de dientes” del ejército franquista que pudo ver durante la guerra civil en su Ourense natal, como escribió en el poema “Tiempo de guerra” (Valente, 2006, p. 193), así como de adulto perduró en su memoria la presencia moruna en la tradición popular de la que se hace eco su composición “Nana de la mora” (Valente, 2006, pp. 242-243).

Pero, convertido en joven universitario en Madrid, Valente comenzará a conocer una historia de España integral y no excluyente del aporte árabe y judío a través de las obras de Américo Castro, publicadas en el exilio, al tiempo que empezará a leer también a los arabistas Miguel Asín Palacios y Emilio García Gómez, quienes abrirán ante sus ojos unas perspectivas inéditas y habitualmente ignoradas o marginadas en la reduccionista y sectaria cultura de la dictadura franquista.

Prueba de ello será su artículo “El collar de la paloma. Tratado sobre el amor y los amantes de Ibn Hazm de Córdoba”, publicado en 1955, cuando el poeta había vivido tan sólo un cuarto de siglo y se había formado en un contexto cultural y religioso nacional-católico prácticamente integrista. La entusiasta salutación que hace Valente de la traducción del célebre y sutil tratado amoroso El collar de la paloma, realizada por García Gómez, muestra bien clara y explícitamente su apertura a la cultura hispano-árabe y un talante muy diferente al entonces habitual en España en cuanto al interés y al respeto que merecen y deben merecer las aportaciones culturales ajenas a la tradición europea occidental. No en vano, concluyó Valente en dicho artículo:

Tal vez esta serie de datos apenas esbozados pueda dar una idea aproximada del valor literario y de la importancia histórica de El collar de la paloma. Desde su descubrimiento por Dozy, el manuscrito de Leiden ha sido vertido a las principales lenguas europeas: dos veces al ruso, dos veces al inglés, dos al francés, una al italiano y otra al alemán. La traducción de García Gómez viene a resolver, pues, una especie de problema de dignidad nacional y una deuda española con el insigne andaluz del siglo XI.

Porque, vergonzoso era, desde luego, que este libro de “sensibilidad agudísima”, como dice Valente, escrito por el gran polígrafo cordobés, estuviese traducido a todas las grandes lenguas de Europa menos, penosa y significativamente, a la española (Valente, 2008, pp. 956-962).

No es de extrañar, pues, que Valente acopiara abundante bibliografía de Miguel Asín Palacios, sobre quien elaboró un dossier en el que figuran fotocopias de la edición de El Islam cristianizado. Estudio del Sufismo a través de las obras de Abenarabi de Murcia, publicada en Madrid por la Editorial Plutarco en 1931 y de otros muchos otros trabajos del gran arabista, a veces con marcas de lectura diversas: Un precursor hispanomusulmán de San Juan de la Cruz, Sadilíes y alumbrados, El símil de los castillos y moradas del alma en la mística islámica y en Santa Teresa… Además, en su biblioteca personal figuraban numerosos volúmenes de Asín en ediciones más recientes y, por tanto, más accesibles para Valente: La escatología musulmana en la Divina Comedia, seguida de Historia y crítica de una polémica; El Islam cristianizado: Estudio del sufismo a través de las obras de Abenarabi de Murcia; Vidas de santones andaluces: La Epístola de la Santidad de Ibn Arabí de Murcia; Sadilíes y alumbrados… así como la Crestomatía de árabe literal con glosario y elementos de gramática publicada por las Escuelas de Estudios Árabes de Madrid y Granada en 1945. De los mismos años cuarenta tenía también obras de García Gómez como Poemas arábigoandaluces (1943) y Cinco poetas musulmanes. Biografías y estudios (1944).

El dossier sobre arabismo de Valente cuenta así mismo con alguna fotocopia de la revista Al- Andalus, que el propio Asín fundó en 1933, y con algunos trabajos más o menos críticos sobre dicho arabista, como los artículos “Massignon et Asín Palacios: une longue amitié et deux approches différentes de l’Islam” y “Algunos juicios teológicos de Asín Palacios sobre el Islam”, ambos de Mikel de Epalza, autor quien por cierto establecería breve correspondencia con el poeta desde el Departamento de Árabe de la Universidad de Alicante, o “Ibn Abbad de Ronde et Jean de la Croix. À propos d’une hypothèse d’Asín Palacios”, de Paul Nwyia.

El místico sufí, filósofo musulmán y poeta andalusí Ibn Arabi de Murcia es sin duda una de las mayores presencias islámicas en el archivo de Valente, pues, a los trabajos de Asín a él dedicados, hay que sumar dos ediciones distintas de L’imagination créatrice dans le soufisme d’Ibn Arabî, del islamólogo francés Henry Corbin, así como una obra en versiones francesa y castellana del escritor tunecino Abdelwahab Medder. Y en su archivo figuran un manuscrito de Abdelwahab Meddeb en francés (“La religion de l’Autre. Ibn ‘Arabi / Ramón Lull”), una fotocopia de Ronald Kiner en inglés (“Ibn Al-‘Arabi and the Qabbalah: A Study of Thirteenth Century Iberian Mysticism”) y dos recortes de prensa en castellano debidos, respectivamente, a Emilio García Gómez (“Ben Árabi de Murcia: Un globo místico”) y a Osman Yahia (“Ben Árabi, alma del Islam. Un pensamiento heterodoxo y polémico”).

Además, Valente tenía en su biblioteca una veintena de obras de o sobre este místico sufí, sobre todo en francés (L’arbre du monde, L’arbre et les quatre oiseaux, Le chant de l’ardent désir, L’interprète des désirs, Traité de l’amour, Le dévoilement des effets du voyage, Les illuminations de La Mecque, La sagesse des prophètes, Les soufis d’Andalousie, Voyage vers le maître de la puissance: Manuel soufi de méditation), aunque también en inglés (The Tarjumán al-ashwáq: A collection of mystical odes, editada por la Royal Asiatic Society de Londres en 1911) y en castellano (Guía espiritual, Las contemplaciones de los misterios, Las iluminaciones de La Meca, La joya del viaje a la presencia de los santos, La maravillosa vida de Du-l-Nun, el egipcio). Y poseía así mismo el número monográfico “La Walaya. Études sur le soufisme d’Ibn ʻArabî. Hommage à Michel Chodkiewicz” publicado por la revista Horizons Maghrébins en 1995.

Y a ello pueden agregarse manuscritos tan significativos como el de “La réception du soufisme par l’Occident: Conjectures et certitudes” de Michel Chodkiewicz o el anónimo “De la otra Andalucía, la célica, pero con el Islam a la vista (Datos, notas y personas para una Historia comparada de las Religiones en Andalucía, o sobre el sufismo colectivo hispano-andalusí en general, y el arifismo en particular, como su influencia en la literatura de espiritualidad y en la mentalidad religiosa de nuestro pueblo)”.

Al margen de Asín Palacios, de quien criticó su óptica cristianocéntrica, y de García Gómez, Valente valoró también mucho las enseñanzas del gran arabista francés Louis Massignon, de quien tenía los libros Parole donnée y La passion de Husayn Ibn Mansûr Hallâj, así como la traducción del Dîwân de este último místico martirizado hecha por el mismo especialista. Complementariamente, en su archivo guardó Valente el reportaje “Le gran œuvre de Louis Massignon” publicado en Le Monde el 11 de diciembre de 1975 a raíz de la edición definitiva –y ya póstuma– sobre Hallaj, que es la que adquirió el poeta.

No en vano María Zambrano, devota discípula del arabista francés, escribió a Valente, en carta del 9 de octubre de 1973: “Massignon te abre lo que yo no puedo”. Por ello recurrió a Massignon en su ensayo “José Ángel Valente por la luz del origen” para explicar “lo absoluto en lo relativo” (Zambrano, 2008, p. 39). Por su parte, Valente se valió de Massignon en el ensayo “Sobre el lenguaje de los místicos: convergencia y transmisión”, incluido en Variaciones sobre el pájaro y la red, y en la serie aforística “A propósito del vacío, la forma y la quietud”, de Notas de un simulador.

Pero, al mismo tiempo que descubrió en su juventud la cultura arábigo-andaluza, Valente vivió también un encuentro directo, aunque mediatizado por las circunstancias en que tuvo lugar, con el Norte de África. Me refiero al hecho de haber sido destinado a realizar las prácticas de la milicia universitaria en los veranos de 1954 y 1955 en Ceuta, ciudad a donde lo acompañará un tiempo su mujer y donde nacerá la primera hija del poeta, significativamente llamada Lucila María África. Bien es cierto que el servicio militar en el ejército español no era el marco ideal para entrar en conexión profunda con la cultura del Magreb ni con ninguna otra, como de hecho muestra su relato más bien tremendista “La visita” (Valente, 2006, pp. 744-746), pero aún así dicho encuentro se produjo.

En efecto, hay un artículo de Valente publicado también en 1955 que da público testimonio de su curiosidad por la literatura arábiga y de su conocimiento de la cultura marroquí ya desde el título: “Poesía árabe de hoy en Marruecos” (Valente, 2008, pp. 1002-1007). Este sorprendente escrito en los medios culturales españoles de los cincuenta daba cuenta de las revistas, de las colecciones y de los escritores de Marruecos y otros países árabes, pero no circunscribiéndose al ámbito de sus relaciones de vecindad con España, sino procurando abrirse a otras noticias poéticas relacionadas con el resto de los países árabes, como el Líbano o Egipto.

De hecho, lamentando que los grandes poetas árabes del momento fuesen prácticamente desconocidos para el lector español, Valente trataba especialmente en su artículo de los libaneses Jubrán Jalil Jubrán y Mijail Naimi y del tetuaní Mohammad Sabbag, y hacía público reconocimiento del “trabajo de los jóvenes escritores hispano-marroquíes” en la importante labor de dar a conocer la literatura árabe en el ámbito español, al igual que, inversamente, de la española en el árabe. La semilla semita ya comenzaba a germinar y, al tiempo, a ser sembrada, en la producción de Valente.

Además, en junio del mismo 1955, Valente presentó en el número 5 de la revista bilingüe en árabe y español Ketama, editada en Tetuán, su “Primer poema de amor”, que en su libro inicial, A modo de esperanza, publicado en el año en cuestión, pasaría a llamarse “Hemos partido el pan”.

Valente había visitado Tetuán y la vecina Xauen con su esposa Emilia Palomo en 1954, como acredita una postal turística con la imagen de un rincón típico marroquí enviada desde Xauen a Madrid el 28 de abril de 1954. En ella, aunque firman los dos miembros del matrimonio, Emilia Palomo se dirige a su madre, Emilia López, relatándole las excelencias del lugar: “aquí estamos, en un sitio maravilloso. Toda la ciudad es como la fotografía. Las calles llenas de Ali Babás, y nosotros entre ellos”. Mas, después de referirse a Xauen, deja constancia de sus estancias en Tetuán antes y después de visitar dicha ciudad: “Volveremos a Tetuán a la noche y a Ceuta mañana mismo”.

Además, de la estancia del matrimonio Valente-Palomo en Tetuán quedó una fotografía, tomada en la Delegación de Cultura de dicha ciudad marroquí, en la que puede verse al matrimonio citado junto a los escritores Jacinto López Gorgé (que había dirigido la revista Manantial en Melilla y dirigía entonces Ketama en Tetuán), Dora Bacaicoa (que era directora de la Biblioteca Española de Tetuán y que luego lo fue de la de Tánger) y Mohammed Sabbag (responsable de la sección árabe de las revistas Al-Motamid y Ketama). Del poemario El árbol del fuego de este último autor había escrito Valente en su citado artículo “Poesía árabe de hoy en Marruecos”: “La profunda intención social de este libro está resuelta en fórmulas eminentemente poéticas, cuya calidad no decae un solo momento, y esto por una razón obvia, porque está verdaderamente sentida”.

La relación con Jacinto López Gorgé se mantuvo a lo largo de los años, como pone en evidencia la correspondencia entre ambos, aunque ya estando afincado en Madrid el colega antedicho. Por ejemplo, en carta del 14 de octubre de 1976, el primero solicita al último autorización expresa para incluirlo en su antología Poesía erótica de la España del siglo XX, mientras que en otra del 18 de abril de 1988 lo felicita por la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

No obstante, en la más extensa misiva del 17 de noviembre de 1988, Jacinto López Gorgé vuelve a tratar asuntos marroquíes con Valente, concretamente atendiendo a una petición del último seguramente debida a la pérdida de un artículo propio: “Te mando, como prometí, fotocopia de tu artículo en Índice sobre Mohammed Sabbag y la poesía árabe y española en Marruecos”. Y también responde de una promesa relacionada con el Magreb que habían compartido en su juventud: “Ahora recuerdo que prometí mandarte la Antología de Relatos Marroquíes”. De manera, pues, que el lazo cultural magrebí que los había unido en los años cincuenta seguía vigente en los ochenta.

En sintonía con todo lo dicho y ya iniciando la última etapa de su vida, Valente se instaló en una casa tradicional almeriense con vistas a la Alcazaba y desde ella describió con ensoñación y gusto, en el ensayo “Perspectivas de la ciudad celeste”, las analogías de su último entorno vital con el Magreb: “La luz, la naturaleza, las techumbres, las viviendas mismas pertenecen a otra geografía, a otra cultura. En el corazón de la ciudad vieja, desde lo alto, nos soñaríamos sin dificultad en algún lugar del Magreb” (Valente, 2008, p. 427).

Los Encuentros Hispano-Islámicos en Al-Ándalus

Muy significativamente, una de las primeras consecuencias intelectuales de la aproximación a la costa andaluza e del inmediato asentamiento de Valente en Almería a comienzos de los años ochenta fue su interés por los tres encuentros hispano-islámicos que tuvieron lugar en Andalucía, los primeros en Ronda y el último en la propia Almería. En efecto, el primero y el segundo Coloquio Hispano-Islámico de Escritores se celebraron en Ronda, respectivamente, durante los días 8 y 9 de junio de 1984 y 14 y 15 de junio de 1985, mientras que el tercero, celebrado en Almería, se realizó entre el 21 y el 24 de septiembre de 1986. Tras este, prosiguiendo la numeración, pero cambiando el nombre, se celebró el IV Coloquio de Escritores Hispano-Árabe entre el 26 y el 29 de abril de 1988. El primero, el tercero y el cuarto, en los que participó Valente, contaron con reconocimiento de la UNESCO, gestionada por el escritor, profesionalmente vinculado a dicho organismo internacional, aunque los dos iniciales fueron patrocinados por el Ayuntamiento de Ronda, la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo y la Caja de Ahorros de Ronda, mientras que los dos últimos fueron financiados por la Diputación de Almería.

El I Coloquio Hispano-Islámico de Escritores celebrado en Ronda tuvo como planteamiento abordar, según la propuesta de Juan Goytisolo, principal inspirador del mismo, explícita en el título de su conferencia inaugural sobre “Vigencia actual del mudejarismo”, la asimilación que se venía haciendo de lo árabe en la cultura española desde hacía siete siglos como forma de escritura, pero también de vida. El encuentro contó con las ponencias de los arabistas Luce López-Baralt, de la Universidad de Puerto Rico, y Mikel de Epalza, de la Universidad de Alicante, así como con la intervención de escritores árabes –el sirio Adonis, el marroquí Abdelkebir Jatibi y el tunecino Abdelwaheb Meddeb– y españoles: Julián Ríos y, como ya se ha dicho, Juan Goytisolo y Valente.

El propio Valente se dirigió en septiembre de 1983 al alcalde de Ronda sobre el proyecto, Julián de Zulueta, que a su vez este consideró de inmediato una «excelente idea» (20-9-1983). Ya en carta personal del 18 de septiembre de 1983, después de tratar el asunto de la casa que entonces buscaba Valente para establecerse en la provincia de Málaga, aseguraba estar «encantado con la idea», que, obviamente, relacionaba con el místico Ibn Abbad de Ronda: «Creo que la ciudad de Ibn Abbad es un marco excelente para la reunión».

Zulueta tomaba incluso tal iniciativa, en la misma carta, como base de un proyecto más ambicioso: «Hay además la posibilidad de que la Oficina de la Liga Árabe en Madrid nos facilite los medios para el establecimiento de un centro de estudios islámicos, que podía llevar el nombre de Ibn Abbad, y para el cual el coloquio sería un punto de partida excelente». Este entusiasmo se mantuvo en cartas sucesivas, como la del 24 de octubre de 1983:

Como verás por la copia de mi carta a Juan Goytisolo, me escribió desde Marruecos, muy entusiasmado con la idea de que sea la ciudad de Ibn Abbad al Rondí el marco del coloquio hispano-islámico. Yo también lo estoy, como verás por mi respuesta.

Mas por entonces Valente ya estaba al tanto de la reacción de Juan Goytisolo, quien le había escrito desde Marrakech, en carta del 5 de octubre de 1983: “procuraré escribir mañana a Zulueta. Me alegra conocer su reacción entusiasta a la idea. Ojalá podamos reunirnos todos a la sombra venerable de Ibn Abbad!”. Poco después, en misiva sin fecha, le escribirá así mismo: “A mi paso por España hablé con Zulueta y le mandé la lista de los participantes”.

No es de extrañar el interés cultural de aquel culto y peculiar alcalde de Ronda, formado en la Institución Libre de Enseñanza, pues era hijo del profesor institucionista, diplomático y ministro republicano Luis de Zulueta y sobrino del catedrático universitario y líder socialista Julián Besteiro. Exiliado en Colombia tras la guerra civil española, estudió Medicina en Cambridge durante la segunda guerra mundial, se especializó en enfermedades tropicales y luego trabajó como epidemiólogo para la Fundación Rockefeller y para la Organización Mundial de la Salud en numerosos países de Europa, Asia y África, en algunos de los cuales dirigió importantes campañas sanitarias. Así que, cuando, ya jubilado, se instaló en Ronda, se empeñó en dar vida cultural, universitaria e internacional a la ciudad, visión en la que encajaban muy bien los encuentros propuestos por Valente.

Pero los antecedentes del encuentro en Ronda entre Valente y Zulueta están documentados en la correspondencia dirigida al primero desde Hyde Park, localidad del Estado de Nueva York, por el hispanista Antonio Márquez, natural de Arriate, localidad de la serranía rondeña, pues es este admirador del poeta quien le da noticia de la candidatura de aquel a la alcaldía el 28 de marzo de 1983:

tu antiguo colega y gran amigo mío, Julián Zulueta, es el candidato socialista a la alcaldía de Ronda”. Me invita a colaborar con él. (…) Te veo en Ronda, si es que voy a tener algo que ver con la política cultural de la ciudad de mis sueños. (…) Cada vez me siento más cerca de ti y de Ronda.

En su siguiente carta, fechada en Hyde Park el 12 de junio de 1983, Antonio Márquez escribe sobre el envés de una fotocopia del reportaje que sobre Julián de Zulueta publicó El País el 6 del mismo mes, prevé su reencuentro en Ronda:

Es posible que nos reunamos en Ronda, en septiembre, los amigos de Ronda y algunos expertos. Como puedes ver por el reportaje al reverso, nuestro amigo Zulueta quiere convertir los viejos caserones en casas de cultura, y cuenta conmigo para ese menester de ministrillo de cultura. Me gustaría que vinieses a las Jornadas de septiembre, si las hay.

Influido por tan buenas conexiones, Valente piensa en viajar a Ronda e incluso en instalarse con su biblioteca y archivo allí, idea esta que inmediatamente fascina a Márquez, quien remite la propuesta a Zulueta el mismo día 28 de junio de 1983 que escribe también a Valente: “Ronda es tu lugar apropiado. Uno de esos caserones podría ser tu biblioteca y centro de algo que tú podrías ofrecer. Un seminario, unos cursos de literatura, lo que tú quieras”. Y concluye: “Ahora sí sueño con verte, vernos en Ronda”.

Al mismo tiempo, Márquez escribe a Zulueta con la misma fecha: “Tú querías llenar los caserones de Ronda de cultura. Para mí (te lo escribo con absoluta sangre fría), la estancia de José Ángel en uno de ellos es más importante que una incipiente universidad”. El tema continúa presente un tiempo en la correspondencia de los tres implicados, pero el proyecto de instalación nunca cuajaría, como tampoco el encuentro de Márquez con Valente en Ronda, pues finalmente el hispanista no asistiría al I Coloquio Hispano-Islámico impulsado por Juan Goytisolo y el propio poeta gallego.

Las actas del encuentro se publicaron en Málaga, a cargo de Caja de Ahorros de Ronda, con el título I Coloquio Hispano-Islámico de Ronda en 1985, iniciadas por las palabras inaugurales del alcalde Zulueta y finalizadas con un resumen de la clausura a cargo de Juan Goytisolo. Entre ambos capítulos figuran las ponencias de todos los oradores, quienes también pueden verse junto al alcalde Zulueta en una foto histórica, reproducida en el libro, de la que Valente conservó una copia en color con el programa del evento.

Luce López-Baralt abordó el tema de la convergencia hispano-árabe a través de la mística en Teresa de Jesús, mientras que Meddeb se ocupó de lo mismo entre Ibn Arabi y Juan de la Cruz. Valente expuso la ponencia “Sobre el lenguaje de los místicos: Convergencia y transmisión”, calificado de “bello ensayo” por Juan Goytisolo, quien aseguró que muestra “analogías no sólo entre la mística española de San Juan de la Cruz y Teresa de Jesús y la de los sufíes, sino también entre ambas y la mística judía” (Goytisolo, 1985, p. 95).

La asimilación del árabe en el español literario se abordó a través de los experimentos novelescos de Juan Goytisolo (desde Reivindicación del Conde Don Julián hasta Makbara), quien los presentó en su conferencia inaugural, y de Julián Ríos (capítulo “Algarabía de una noche de San Juan” de su novela Larva), quien trató el tema en forma de entrevista realizada por el hispanista Julio Ortega. Así mismo, se habló de la escritura en francés en la novela Talismano del arabófono Meddeb. Juan Goytisolo y Mikel de Epalza abordaron el asunto en perspectiva política y pusieron de manifiesto la asimilación mudéjar del placer y del goce característicos de la cultura árabe, rasgos a su vez presentes de algún modo en la poesía del sirio Adonis, quien cantó a la España arábigo-andaluza, y del marroquí Al Jatibi, quien trató de la doble escisión hispano-árabe partiendo de Al-Ándalus.

Al año siguiente, el II Coloquio Hispano-Islámico de Escritores celebrado en Ronda giró en torno a “Cervantes y el Islam” y fue inaugurado por Juan Goytisolo, quien ya había propuesto el tema al final de I Coloquio, con una conferencia sobre la soledad creadora de Cervantes en la literatura española, medio en el que, según él, apenas tuvo repercusión hasta la segunda mitad del siglo XX. Y recordó que, durante esta, él mismo mostró con su postura crítica una “filiación real con el creador del Quijote” en Reivindicación del Conde Don Julián. Tras Juan Goytisolo intervinieron diversos escritores, como el judío Edmond Amran el Maleh, el tunecino Abdelwaheb Meddeb, el egipcio Edward Al-Jarrat, los marroquíes Abdelkebir Jatibi y Abdelfattah Kilito, el iraquí Kaddim Yihad y el español Julián Ríos, pero en esta ocasión no participó Valente.

No obstante, Ronda quedó para siempre en él y en su biblioteca, donde se encuentran dos libros que sin duda conoció antes de los encuentros: Ronda. Capital subregional (1976), de Francisco Rodríguez Martínez, y Jornadas de estudios sobre Ronda y su comarca. 8-10 octubre 1979 (1982), este regalo de su amigo Antonio Márquez, quien se lo dedica, desde Nueva York y con fecha del 28 de junio de 1983, con las siguientes palabras: “Para José Ángel, en mis sueños, alma de la universidad de Ronda”.

Pero Ronda había rondado ya a Valente desde su temprano interés por la vida y la obra del poeta Rainer Maria Rilke, devoto visitante de la ciudad, como prueba que tuviese la memoria 40 aniversario de la muerte de Rainer Maria Rilke editada por la Caja de Ahorros de Ronda en 1968. Con posterioridad, Valente recibió, dedicado por el autor, el volumen Ronda (1998), del pintor Jesús G. de La Torre, compuesto por dibujos de temática rondeña acompañados de textos de conocidos escritores (Ibn Abad, Espinel, Rilke, Jiménez, Joyce, Hemingway, Borges, Bergamín, Lorca, Diego, Cernuda, Villalón, Fuentes, Juan Goytisolo), entre los que se encuentra el propio Valente, representado por un fragmento de su ensayo sobre Rilke con la cita en la que este la define como “ciudad vertical”.

El III Coloquio Hispano-Islámico de Escritores, celebrado en Almería con temática abierta, se inició con la ponencia inaugural de su coordinador, Juan Goytisolo, titulada “En el reino de las excepciones geniales: el caso de Gaudí”, y contó la intervención de Valente “Sobre el lenguaje de los pájaros”. En la programación hubo más autores españoles (el teólogo Antonio Flores y el pintor Antonio Saura) y otros de muy diversas procedencias islámicas: Marruecos (Houssein Bouzineb, Edmond Amran El Maleh), Túnez (Abdelwaheb Meddeb), Palestina (Mahmoud Darwish, Elías Sanbar), Líbano (Fawas Traboulsi), Siria (Farouk Mardam-Bey) e Irak (Kaddim Jihad, Sa’ad Yussef). No obstante, el gobierno francés impidió con su restrictiva política de residencia, tal como denunció Juan Goytisolo, que pudieran asistir en persona Darwish y Traboulsi, ausencias a las que se unió la de Yussef por motivos familiares. El encuentro terminó con las actuaciones musicales interculturales de Mohamed Bhar al laúd y de Tomatito a la guitarra.

En el programa figuraron temas hispanistas, como el apoyo a la II República Española, el Guernica de Picasso o la poesía de Lorca vistos desde la perspectiva árabe, pero también la literatura aljamiada o las obras de Ibn Arabi de Murcia e Ibn El-Arif de Almería. Valente guardó el cartapacio oficial con la programación, las ponencias y el amplio dossier de prensa generado por el encuentro, así como una copia encuadernada con toda la documentación. Muestra de la interacción en los encuentros es que al año siguiente apareciese el libro La mística: Presencia y ausencia (Desde una lectura de Ibn al-Arif), de Antonio Flores, con liminar de José Ángel Valente, en edición del Instituto de Estudios Almerienses.

El llamado IV Coloquio de Escritores Hispano-Árabe, celebrado en Almería con el apoyo añadido del Instituto de Estudios Almerienses, fue inaugurado por las autoridades correspondientes, por el escritor tunecino Abdelwaheb Meddeb, presidente del encuentro por ser el único autor que intervino en los cuatro realizados, y por el propio Valente, quien ejerció de director y quien realizó un “homenaje emocionado” al pueblo palestino que fue resaltado por la prensa. Por primera vez no asistió Juan Goytisolo, que se encontraba en Marruecos, pero que fue recordado como impulsor del proyecto.

El tema central en esta ocasión fue “Las mil y una noches”, partiendo de que se trata de la obra netamente árabe más universal. El propio Valente había adelantado en ABC parte de su ponencia bajo el título “Las mil y una noches o la narración como supervivencia” (6-2-1988) y tras finalizar el encuentro añadió otro fragmento en el mismo medio con el título “Para Babilonia” (1-5-1988).

Además de los citados Valente y Meddeb, repitieron presencia en el programa, que sufrió bastantes variaciones, el judío marroquí Edmond Amran El Maleh, el tuareg marroquí Abdelfattah Kilito, el egipcio Edward al-Jarrat, el iraquí Kaddim Jihad, el palestino Elías Sambar y los españoles Julián Ríos y Juan Goytisolo, pero se incorporaron el marroquí Addesselam Cheddadi, el iraquí Sargon Boulus, el kuwaití Hani al-Rahid, los españoles Alfonso Carmona y Andrés Sánchez Robayna y el arabista francés Edgar Weber. Durante el encuentro se exhibió una exposición de fotografías del tunecino Kamel Dridi.

Al margen de estos cuatro encuentros, Valente participó también en otro posterior no ajeno al interculturalismo hispano-islámico e hispano-africano: la Primera Semana Intercultural Senegalesa, promovida por las Asociaciones de Emigrantes Senegaleses de Andalucía y de Trabajadores Emigrantes de Roquetas de Mar, que tuvo lugar en Almería y Roquetas de Mar del 4 al 15 de diciembre de 1996.

Valente intervino el 10 de diciembre en el coloquio “Inmigración e interculturalidad: análisis y perspectivas”, siguiendo un programa en el que figuraba junto al inmigrante marroquí Abdelhafid Arrachidi y al sociólogo Juan Sebastián Fernández Prados, profesor de la Universidad de Almería, aunque la prensa informa de que intervinieron el emigrante marroquí Jebran Ait Lahcen y el antropólogo Francisco Checa Olmos, así mismo profesor de la Universidad de Almería. Además, hubo también debates sobre la integración socio-laboral y encuentros de asociaciones e instituciones en torno a la emigración, así como proyecciones de documentales, actuaciones musicales, degustaciones gastronómicas y, finalmente, una fiesta típica y un partido de fútbol disputado entre españoles y senegaleses.

Según recogió el diario Ideal, Valente denunció el escaso interés de los almerienses, quizá como metonimia de todos los españoles, por conocer a los senegaleses que viven entre ellos: “La interculturalidad es solo una idea sobre el papel. Seguimos siendo eurocéntricos. No conocemos otras culturas y tenemos miedo del otro”1. Según la periodista, el poeta se lamentó del “triste papel” de España en el drama inmigratorio: “le toca desempeñar la tristísima misión de ser el primer policía de la inmigración por su condición de frontera entre África y la Comunidad Europea” y declaró que “cualquiera que ejercite profesionalmente la inteligencia debe denunciar el trato que se da a los inmigrantes”.

El poeta hizo intrahistoria mediterránea para abogar por una mejor acogida: “Antes las dos orillas del Mediterráneo estaban regidas por la hospitalidad. El extranjero era un ser protegido”. Y luego elogió la hospitalidad de comunidad inmigrante senegalesa en contraste con la indiferencia de su entorno:

la mayoría de los almerienses no saben que en Roquetas, al lado de los invernaderos, hay una importante colonia de senegaleses hospitalarios, que reparten con elegancia y sencillez lo que tienen y que poseen una capacidad de acogida que nosotros hemos perdido.

Viajes de ida y vuelta a Marruecos y a Túnez

Tras sus primeras incursiones juveniles por el Magreb, Valente volvió al Norte de África, concretamente a Marruecos, en los años ochenta. En efecto, a mediados de dicha década, pasó unas vacaciones navideñas con su compañera Coral en Agadir, ciudad portuaria y turística fundada por portugueses, con la intención de disfrutar de una estancia de pareja alejada de trabajos, preocupaciones y problemas, entonces bastante perturbadores para ellos.

Desde allí viajaron a Marrakech, invitados por su amigo Juan Goytisolo, quien los alojó en su casa y quien les presentó a Abdeljalil Kodssi y a su grupo de música chaabi. Juan Goytisolo, en 1984, había quedado fascinado por el conjunto de Kodssi en la tienda que este tenía en su barbería familiar, donde se podía tomar té y escuchar música, por lo que el escritor decidió promocionarlo e incluso incluirlo en las presentaciones de sus libros en España. Por cierto, la bajada de temperatura que sorprendió a Valente y a Coral fue paliada precisamente por estos músicos barberos, que proporcionaron a Coral un protector manto de lana de oveja con el que volvió a Agadir.

En la década siguiente, Valente participó, como invitado de honor, en los Rencontres Culturelles Hispano-marocaines de Marrakech celebrados entre el 24 y el 25 de abril de 1998, inaugurados con música y cantos sufíes por los conjuntos Al Assil de Marrakech e Ibn Arabi de Tánger, grupo este sobre el que el poeta guardó en su archivo un dossier de prensa encuadernado. Igualmente conservó el programa de los actos, en cuya portada se anunciaba una lectura de textos del Quijote a cargo de la traductora Aline Schulman.

En el local de la Amicale Jazoulyya hubo una conferencia sobre arte culinario local y un concurso gastronómico, así como una actuación del conjunto de percusión La Daqqa de Marrakech y una exposición colectiva del artista español Cyril Torres y los niños del citado barrio, mas también una lectura de los “Indices des Grâces Prophétiques”, texto místico del siglo XV.

El 25 de abril, día del cumpleaños de Valente, intervinieron junto a él los escritores Juan Goytisolo, Edmond Amran El Maleh, Ibrahim al Khatib y una docena de poetas marroquíes. Con motivo del evento se publicó un periódico árabe con ocho páginas, ilustradas con fotografías, dedicadas al poeta y mayoritariamente compuestas por poemas suyos traducidos, aunque también figura la colaboración de Juan Goytisolo.

El concurso gastronómico fue evocado en la revista Horizons Maghrébins como homenaje a Valente y a El Maleh:

Un des temps forts de cet hommage fut le concours de tandjiyya, le plat emblématique de Marrakech et de Taroudannt. Dix recettes préparées par des m‘allam (maîtres). L’une d’entre elles était tirée d’un manuscrit arabe du XIIe siècle, présenté et commenté pour l’occasion par l’historien marocain Abdelghani Abou-l’Azm. Double symbole, double hommage : hommage à Orense (Galice), la ville natale de J.A. Valente conquise autrefois par Al-Mansour, et clin d’oeil à Edmond, amoureux de la cuisine traditionnelle marocaine dans sa dimension citadine et rurale. (Samrakandi, 2011, p. 7)

De Valente se hizo eco en varias ocasiones la revista cultural francófona consagrada a las literaturas del Magreb y al espacio euro-mediterráneo Horizons Maghrébins, medio editado en Toulouse por Presses Universitaires du Mirail, del que Valente conservó varios números en su biblioteca. En el 27, datado entre diciembre de 1994 y enero de 1995, y monográficamente titulado “Présences d’Edmond Amran El Maleh”, Valente colabora con el artículo “Le maître de la flamme”, traducido al francés por Jacques Ancet, en homenaje a su admirado amigo marroquí. No por casualidad, en el mismo número aparecen un preámbulo y un artículo de Juan Goytisolo.

En el número 33-34, correspondiente al primer trimestre de 1997, se publicó en Horizons Maghrébins, monográficamente dedicado a “Itinérances. Art Contemporain Marocain. La question de la critique d’art”, la conversación entre Valente y el pintor Antoni Tàpies titulada “Peinture et poésie”, traducida por Edmond Amran El Maleh, quien además contribuyó con otros dos trabajos. El ejemplar de Valente de este número, como también el del titulado “Mes tissages. Création et tradition dans les arts textiles populaires en Méditerranée. Maroc. Espagne. France”, está dedicado a Valente y a su esposa Coral, el primero en 1997 y el segundo en 1998, por Mohammed Habib Samrakandi, director de ambos volúmenes y responsable cultural del Centre d’Initiatives Artistiques de l’Université Toulouse le Mirail.

En el mismo abril de 1998, Valente y su esposa Coral fueron a la costera ciudad marroquí de Esauira, donde estuvieron con sus amigos Edmond Amran El Maleh y Marie-Cécile Dufour- El Maleh, ambos colaboradores de Horizons Maghrébins. En el dossier guardado por Valente de este viaje se encuentran curiosidades personales y mucha información turística sobre la bella ciudad portuaria y amurallada que había recibido en portugués el nombre de Mogador. La magnífica playa y el precioso puerto con la venta de pescado de Esauira fascinaron al matrimonio, que pensó en adquirir allí una vivienda, pero el terrible viento que se desató durante aquella estancia, que casi les impedía andar, los disuadió del proyecto.

Otra ciudad visitada, aunque brevemente, por Valente con Coral fue Casablanca, donde pasaron un día a la espera del avión que había de llevarlos de vuelta a Europa. Ambos quedaron impresionados por la gran Mezquita Hassan II, ubicada en una península artificial sobre el mar, en sintonía con el versículo coránico que dice que el trono de Alá se hallaba sobre el agua. No obstante, esta estancia se vio perturbada por dolencias estomacales contraídas en Marrakech.

Mas también Túnez fue objeto de la visita de Valente, ya que con su esposa Coral pasó unas vacaciones navideñas en Sousa (en árabe Susa y en francés Sousse), antigua ciudad de tradición púnica de la costa Este tunecina bien conservada y dotada para el turismo, durante los años noventa.

La experiencia fue positiva, pues el matrimonio volvió a Túnez poco después, estableciéndose entonces en un complejo turístico cercano a Sousa. Como anécdota puede comentarse que aquí se relajaron con dos insólitas actividades para ellos apetecidas por Coral: jugar al ping- pong, que a Valente se le dio muy bien, y bailar en una discoteca, que a Valente se le dio muy mal, por lo que prefería contemplar sentado la danza de su esposa.

Valente nunca viajó a Egipto, pero, aparte de interesarse por su cultura y arte, fijó su atención en uno de sus más significativos arquitectos, el profesor Hassan Fathy, que investigó sobre tecnologías, diseños y materiales tradicionales de la construcción específicamente adaptables para edificar en Egipto, recuperando, por ejemplo, el uso del característico adobe o ladrillo de barro. Cuando la Dirección General de Arquitectura y Vivienda de la Junta de Andalucía proyectó una exposición sobre la obra de Hassan Fathy, cuya inauguración estaba prevista para octubre de 1990, figura una colaboración de Valente en el proyecto de catálogo con el título “El hombre y su pensamiento”, así como otras de sus amigos el escritor Juan Goytisolo y el arquitecto Ramón de Torres, según consta en el detallado informe conservado en el archivo del poeta.

El apartado “El hombre y su pensamiento” del que debía ocuparse Valente consta de aspectos muy incardinados con el pensamiento del Valente más próximo a las culturas provenientes del Oriente Medio. Así ocurre ya con el primer punto: “Recuperación de los conceptos de tradición, historia o memoria cultural árabe, en oposición a los conceptos y formas de carácter abstracto impuestos por el Movimiento Moderno y Estilo Internacional provenientes de la cultura occidental”. Y estas raíces vuelven a aflorar en el último punto, referido a “La estética árabe”: “Para manifestar su aspiración hacia lo divino, el árabe desarrolla una estética de abstracción, ya que el árido paisaje no le ofrece un modelo natural en el que hacer su imaginería”.

En cuanto a lo ético, humanismo y socialismo serían los vectores principales. En efecto, se trata de una “arquitectura para el hombre”, entendiendo “las necesidades humanas básicas del contexto, escala, textura, decoración, belleza y calor psicológico que tienen un valor simbólico en la tradición”. Complementariamente, se trata también de “la provisión de viviendas de bajo coste para las comunidades rurales de Egipto, utilizando el adobe como material fácilmente disponible y como método de construcción tradicional que permite unas condiciones térmicas óptimas”.

Respecto al marco climático, “la vivienda se independiza del contexto natural árido, pero se conecta con el cielo a través del patio, usando los elementos arquitectónicos como símbolos de los elementos naturales”. Así, “El cielo trae la brisa fresca del atardecer, el agua, la vida, es el espacio sagrado”. Pero también “el clima condiciona las formas urbanas, que obedecen así a factores racionales”. Tal ocurre con el “planeamiento de las calles”: “Los quiebros e inflexiones, a la vez que atienden a los condicionantes climáticos, buscan la sorpresa, la variación o interpretación del sentimiento humano”.

Y todo ello conlleva a la vez musicalidad y espiritualidad. En efecto, el apartado titulado “La musicalidad en la construcción” pone en evidencia que la técnica arquitectónica debe subordinarse “a los principios naturales de armonía e interacción de fuerzas” a la vez que “a los principios humanos de tradición, escala y espiritualidad”. Por esto existe también un apartado para “La construcción como acto espiritual”, en el que se sostiene: “La manipulación de un material bruto eliminando lo superficial y conservando lo esencial es un acto espiritual del hombre consigo mismo y con el material”.

En consecuencia, en la Cátedra Valente se encuentra también un dossier compuesto por una copia del amplio tratado sobre Hassan Fathy debido a J. M. Richards, Ismail Serageldin y Darl Rastorfer, así como fotocopia del catálogo The Hassan Fathy Collection, compilado y escrito por James Steele y editado por The Aga Khan Trust for Culture, entidad colaboradora de la iniciativa proyectada, que nunca llegó a realizarse. No obstante, Hassan Fathy, el autor del famoso libro Architecture for the Poor: An Experiment in Rural Egypt, de tan elocuente como significativo título, quedaría como uno de los referentes arquitectónicos individuales mejor representados en el archivo de Valente.

Fallecido el poeta, el Magreb, o más concretamente, Marruecos, le fue leal y no lo olvidó nunca. Inmediatamente, la revista Horizons Maghrébins, en la que había colaborado varias veces, le dedicó un dossier póstumo con el título de “Hommage au poète espagnol José Ángel Valente”, preparado por la profesora Isabelle Touton. En él colaboran con artículos, además de la coordinadora, Juan Goytisolo, Andrés Sánchez Robayna, Jacques Ancet, Edmond Amran El Maleh, Michel Dieuzaide y Victor Andrescu; con poemas, Jacques Ancet, Bernard Noël, Henri Meschonnic y Serge Pey, y, con caligrafía y pintura, Moulay Smaïl Bour-Quaíba, Cyril Torres, Coral Valente, Bertrand Meyer Himhoff, Moulay Fdhil Alaoui, Abdelghani Ouida y Moulay Hassan Haïdara. Y, al año siguiente, la revista Al-Bayt, de la Casa de la Poesía en Casablanca, dirigida por Mohammed Bennis, publicó en su número 4/5, editado en otoño de 2002, varios poemas de Valente traducidos al árabe por el poeta Mehdi Ajrif.

Pero tampoco tardarían los encuentros y los homenajes académicos e institucionales. Así, con motivo de la defensa pública de la tesis doctoral de Fatiha Benlabbah, codirigida por Aziza Bennani y por mí, que se presentó el 24 de febrero de 2005 en la Université Mohammed V – Agdal (Rabat) con el título de “José Ángel Valente y el discurso místico”, se organizó un encuentro sobre el poeta en el que participamos, además de la doctorada, Edmond Amran El Maleh, Fernando García Lara, Manuel Fernández Rodríguez y yo mismo. Las actas de este encuentro se publicaron en el libro José Ángel Valente. Poesía e interculturalidad. Seguido de Veinte versiones, a cargo de Fatiha Benlabbah, en Rabat, por Editions & Impressions Bouregreg, en 2008. Tanto la presentación como las versiones, que se pudieron escuchar en la voz de estudiantes de la Universidad, fueron efectuadas por la citada Fatiha Benlabbah, ya autora del artículo “Huellas sufíes en la poética de José Ángel Valente”, pionero en su género, publicado en 1995 y revisado en 2008.

El 30 de octubre del 2007 se inauguró la Biblioteca del Instituto Cervantes de Marrakech con el nombre de José Ángel Valente por asesoría de Juan Goytisolo, en un acto en el que participaron los entonces Príncipes de Asturias, el Príncipe Moulay Rachid de Marruecos, el Ministro de Asuntos Exteriores de España Miguel Ángel Moratinos, la directora del Instituto Cervantes Carmen Caffarel, el citado Juan Goytisolo y yo mismo como director de la Cátedra José Ángel Valente de Poesía y Estética de la Universidad de Santiago de Compostela.

Y al día siguiente tuvo lugar un coloquio sobre la obra de Valente que contó con las intervenciones de Juan Goytisolo, Fatiha Benlabbah, Luis García Jambrina y de nuevo yo mismo. Además, se expusieron los grabados realizados por el pintor Leopoldo Nóvoa para la edición de artista del libro Alén y la pintora Menchu Lamas realizó una intervención artística (a las jornadas se sumó también su compañero y por cierto valentista Antón Patiño). Con motivo del evento se publicó el librito bilingüe árabe-castellano Biblioteca José Ángel Valente, a cargo del Instituto Cervantes, datado en Madrid-Marrakech, 2007. El volumen constaba de sendos artículos (uno de Luis García Jambrina y otro mío) y de una serie de poemas de Valente y de datos biobibliográficos sobre el poeta.

Cinco años después, el 8 de octubre de 2012, Susana Escalante Durán, directora de la Biblioteca José Ángel Valente de Marrakech, organizó una sesión conmemorativa de la fundación de la biblioteca en cuestión como homenaje al poeta, en la que, presentados por ella misma, participamos otra vez Juan Goytisolo y quien suscribe en el “Encuentro literario” titulado “José Ángel Valente o el encuentro entre Oriente y Occidente”.

Mas tras los importantes homenajes póstumos de Rabat y de Marrakech, todavía se puede dar cuenta de otro posterior en Casablanca, consistente en el coloquio y presentación del libro Valente vital (Ginebra, Saboya, París), editado por la Cátedra Valente y debido a Tera Blanco de Saracho, María Lopo y yo mismo, que tuvo lugar en el Salón Internacional de la Edición y del Libro de dicha ciudad marroquí el 17 de febrero de 2015. La presentación fue realizada por la arabista y directora del Instituto Cervantes de Casablanca, María Dolores López Enamorado, así como, una vez más, por Fatiha Benlabbah y por mí mismo como coordinador y coautor del volumen. La organización corrió a cargo de Laura Gutiérrez Tejón y al coloquio asistieron, entre otras personas vinculadas al mundo hispano-árabe, la investigadora, escritora y editora Rosa Amor del Olmo y la hispanista Kaoutar El Amri.

En fin, Valente, que comenzó a hacer germinar las semillas semitas en su juventud por comprensiva vía lectora y por imprevista vía militar, acabó asociándose a la diáspora literaria hispano-semítica que lo condujo a ser neosufí en Al-Ándalus, “en el aire ininterrumpido de una tradición poética en la que Oriente y Occidente han de volver a encontrarse” (Valente, 2008, p. 369).

Bibliografía

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1. Ana Torregrosa, “<La interculturalidad es solo una idea. Seguimos siendo eurocéntricos>, según Valente. El poeta se mostró escéptico en un debate organizado por asociaciones del Senegal”, Ideal, 12-12-1996, p. 48.